lunes, 21 de julio de 2014

TESTIGOS DE LA LUNA - Capítulo 20.

I

Connor observa atentamente a Ayleen acercarse hasta la puerta de su habitación, es decir, hasta él. No está muy seguro de por qué ha ido allí, pero sentía que necesitaba hacerlo. El ceño de la joven está ligeramente fruncido, no desde que le ha visto a él sino desde antes, aunque sus ojos sí se abren un poco al darse cuenta de que está allí.

-Hola -saluda Connor amistosamente.
-Hola -responde ella.

Ayleen se muestra algo cohibida, probablemente por la conversación que tuvieron antes en la cafetería, en la que Connor no sólo le confesó que el año anterior había estado enamorado de Natasha, sino que también le habló de Derek. Antes creía haber visto algo entre ellos, pero ahora con Ayleen delante, la ve normal, como ha estado desde el primer día, y ya no está tan convencido de que lo otro no hayan sido imaginaciones suyas.

-Sé que tenías que estudiar, pero...
-Tranquilo -ella sonríe, más relajada-. No seré capaz, así que pasa si quieres.

Tras dudar un momento, Connor acepta su ofrecimiento. La muchacha abre la puerta y ambos pasan al cuarto.

-¿Quieres ver una peli? -Ayleen enciende su portátil cuando él responde afirmativamente.

Connor se sienta en la cama, como ya ha hecho tantas y tantas veces, y la mira inclinarse hacia el ordenador. Tiene un cuerpo muy bonito.

-Escucha, yo...
-Connor, no importa -ella se adelanta a sus palabras.
-No, de verdad que sí -sacude la cabeza-. Siento lo de antes. Y quiero que sepas que puedes contarme lo que sea con confianza.

Se produce un breve silencio.

-Lo sé -responde ella al final, aún de espaldas.


II

Owen tira una taza que descansa en el escritorio de su habitación, rompiéndola en pedazos contra el suelo. Está furioso. Tiene que buscarse un sitio donde vivir durante un mes, y eso no le va a resultar nada fácil. Por si fuera poco, tiene además la cara hinchada por los golpes que Derek le ha propinado. Ese guapete siempre se ha creído el dueño de todo, pero no tiene ningún derecho a entrometerse en su relación con Natasha. 

Natasha.

¿Seguirá queriendo estar con él? El sentido común le dice que no, pero una parte de su cerebro le insiste en que esa relación no terminará cuando ella quiera, sino cuando lo quiera él. Sin embargo, con un mes fuera de la residencia, le va a resultar bastante difícil restablecer las cosas con Natasha... a menos que vaya a buscarla algún día después de clase, o tal vez antes, cuando puedan hablar tranquilamente, sin que nadie les moleste.


III 

La película está a punto de terminar cuando llaman a la puerta de la habitación de Ayleen. Perezosamente, la chica levanta la cabeza del hombro de Connor y camina casi dormida a abrir. El sueño se desvanece en un instante al abrir la puerta y encontrarse ante sí a Derek. Instintivamente, Ayleen mira hacia atrás, pero por la posición de la cama y porque hay un pequeño pasillo hasta la puerta, Connor no puede ver quién es... a menos que se asome. La chica empuja por el pecho a Derek para que se eche hacia atrás.

-Cuánta pasión, pelirroja -ella le hace un gesto para que baje la voz, y aunque reticente, Derek susurra-. ¿Quieres seguir con lo de antes? -la mira con ojos divertidos.
-Ni pasión ni leches -murmura ella-. Ahora mismo no es el momento, vete.

Él alza las cejas y hace el amago de ir a mirar dentro del dormitorio. Ayleen vuelve a apartarlo poniéndole la mano en el pecho.

-Ah, ya entiendo. El angelito rubito está aquí, ¿eh? -su expresión se endurece- Quería decirte algo, pero seguid con la fiesta, entonces.

Derek se marcha sin que Ayleen diga nada más. La chica está convencida de que no tenía nada que decirle y sólo lo ha comentado para que ella intentara que se quedase, pues no puede saber que las palabras de Derek eran ciertas.
Con la respiración agitada por la tensión, cierra la puerta y entra a la habitación, sin que sus intentos por calmarse surtan efecto. Es precisamente eso lo que hace que Connor se pregunte quién habrá llamado a la puerta para que Ayleen esté en ese estado.

-¿Todo bien? -pregunta cuando ella vuelve a sentarse en la cama.
-Sí, perfectamente -sonríe con excesivas ganas y reanuda la película.

Puesto que está claro que no quiere decir quién ha ido a buscarla, Connor lo acepta en silencio y no pregunta nada más, aunque ninguno de los dos consigue volver a concentrarse en la película, y Ayleen no apoya esta vez su cabeza en el hombro de su amigo. Se siente repentinamente mal por lo que está haciendo, pues si no fuera porque Derek y ella no son nada, y está convencida de que Derek está intentando básicamente acostarse con ella, diría que ha visto un destello de celos en sus ojos, o quizás algo parecido al dolor, cuando ha comprendido que estaba en la habitación con Connor. Por otro lado, Connor le ha dicho un rato atrás que puede confiar en él, y ella no le ha dicho que Derek acaba de llamar a su puerta. Lo peor es que cuando alguien oculta algo es o bien porque se siente culpable o bien porque teme las consecuencias. Y Ayleen siente que a ella le pasa un poco de ambas.


IV

Una semana más tarde, Ayleen estudia con infinidad de apuntes y libros esparcidos sobre el escritorio. El examen del viernes anterior fue dificilísimo, y aunque no le han dado todavía la nota, está convencida de que ha suspendido. No estudió tanto como debería, y eso tiene fácil pero tediosa solución.
Connor, por su parte, está tendido en la cama, de lado, leyéndose y releyéndose nosecuántas enmiendas de la constitución. Ambos guardan silencio y estudian concentrados, pero por algún motivo han descubierto que estudiar en la compañía del otro les resulta más productivo. Quizás la mayoría de la gente piense que al estudiar con otra persona es más fácil distraerse, pero para ellos supone forzarse a no perder el tiempo, pues se vigilan mutuamente.

Por otro lado, Ayleen lleva toda esa semana sin ver a Derek. Sabe por Natasha que ha tenido que marcharse de la residencia durante un mes, al igual que Owen, pero no sabe dónde está ni por qué no ha hecho porque Ayleen tenga noticias suyas. Tal vez siga molesto por cuando tocó a su puerta y ella estaba con Connor en la habitación, y la verdad es que por mucho que finja que le da igual, le gustaría volver a verle. 

El sonido de una alarma saca a Ayleen del extraño mundo de los tejidos del cuerpo, que con un suspiro de alivio deja el bolígrafo sobre el escritorio. Connor se incorpora, se estira y bosteza.

-Nos vemos en la cena -se despide con la mano antes de salir, y la chica asiente con la cabeza.

Así es su rutina, estudian hasta veinte minutos antes de la hora de cenar, y siempre ponen la alarma para no descuidarse. A las cocineras no les gusta servir la comida más tarde de la hora permitida. 

Una vez que Connor se ha ido, Ayleen va hacia su armario y busca una fina blusa verde de manga larga para la cena. No es que haga frío, pero por las noches está empezando a refrescar. Va a ponerse la prenda cuando se da cuenta de que hay una sombra en el alfeizar de su ventana. Creyendo que tal vez sea algún pájaro que esté pensando instalar su nido en la amplia superficie, abre la ventana con intención de espantarlo, y casi grita de la impresión al descubrir que es Derek quien, sentado en el alfeizar sin problemas aparentes para mantener el equilibrio, la mira con un aire de aburrimiento en los ojos. 

-Pensaba que no se iría nunca -sus ojos se ponen momentáneamente en blanco.
-¿Cómo...? -la chica señala la posición de él, alarmada y sin intenciones de discutir sobre Connor.

Si lo que Derek pretendía era que Ayleen olvidara que llevaba una semana sin dar señales de vida, ha cumplido su objetivo, porque por ahora ella está demasiado ocupada preguntándose cómo narices Derek ha llegado hasta ahí como para echarle nada en cara, al menos de momento.

-Te recuerdo que vives en un primer piso, pelirroja -el joven salta ágilmente al interior del cuarto.

La mirada de Derek escruta la habitación, como un policía que busca encontrar una evidencia en la escena de un asesinato, lo cual incomoda ligeramente a Ayleen.

-¿A qué has venido, Derek? -pregunta ella.
-Directa al grano -él hace un gesto en el aire como si lanzara un dardo.
-No, si fuera directa te habría preguntado por qué llevas una semana desaparecido y no me dijiste nada.

La pregunta no ha podido aguardar más tiempo en los labios de Ayleen. Derek alza las cejas.

-Intenté decírtelo, pero me echaste de la habitación, ¿recuerdas? 
-Claro, habría sido muy agradable, los tres ahí dentro conversando tranquilamente -ironiza ella.
-¿Sería incómodo para nosotros o quizás para ti? Porque podríamos intentar soportarnos el uno al otro si no fuera porque... ¡ah! Connor no sabe nada de esto porque tú se lo has ocultado, como si él fuera tu novio y yo tu amante.

Ayleen mira a Derek mientras habla y va de un lado para otro en la habitación. No le hace ninguna gracia que no le dijera nada, pero le gusta que se comporte de esa forma porque sabe que está celoso. Tampoco es que quiera que sea como Owen, pero una pizca de celos demuestra interés, y eso la reconforta.

-Mira, Derek, Connor y yo sólo somos amigos y...

Él la interrumpe.

-Creo que él no diría lo mismo.
-Bah, no me cambies de tema -le da con el dedo índice en el pecho, en gesto acusador-. Podrías haberme dicho que te ibas en cualquier otro momento.
-Vale, te lo digo ahora: me han echado de la residencia durante un mes. En realidad ya sólo quedan tres semanas, pero...

Ayleen nota que está a punto de sonreír, por lo que se contiene y debe hacer alguna mueca graciosa porque Derek rompe a reír. Su risa suena grave y profunda, y a pesar de todo es un sonido tan poco familiar para Ayleen que acaba por dejar que a sonrisa asome a sus labios.

-Ayleen.
-¿Sí?
-Supongo que tienes motivos para estar molesta, pero... escalar hasta tu ventana dará algún punto a mi favor, ¿verdad?
-Tú mismo has dicho que -hace un gesto con la mano para restarle importancia- es una primera planta. Además, eso de aparecer en la ventana es un poco siniestro.
-No me dejan entrar a la residencia así que obviamente por la puerta es bastante difícil, porque no creo que Phil me tenga suficiente cariño como para hacer la vista gorda.

Ayleen mira la hora y se da cuenta de que ya debería estar bajando para cenar.

-Derek, tengo que irme -dice ella en voz baja.
-Ah, tu amado te estará esperando, claro.
-Deja de decir eso -la joven le da un puñetazo en el hombro que le hace más daño a ella que a él.

Derek se escabulle y sonríe.

-Por cierto, ¿dónde estás viviendo estos días? 
-Ah, es secreto. Un chico tiene que mantenerse…
-¿Misterioso? –le interrumpe Ayleen- Eso mismo me dijiste cuando te pregunté por tus estudios. Pero una cosa es un poco de misterio y otra es que no sepa nada de ti.
-Ya lo descubrirás –contesta él sencillamente, encogiéndose de hombros.

La joven pelirroja niega levemente con la cabeza, y va a decir algo más cuando Derek la rodea por la cintura y la hace acercarse a él para besarla. Sus labios se unen durante un momento en que la chica aspira su aroma y siente la piel de sus brazos rozando la de ella, pero acaba apartándose con la mirada clavada en el suelo. No va a fingir que está enfadada con él, pero sí está contrariada porque no le haya dicho que se iba, y no tiene intención de ponérselo todo en bandeja. Derek no tiene derecho a hacer lo que le apetezca cuando le plazca sin tener unas consecuencias. Aunque… 

-¿Seguirás aquí después de la cena? -Ayleen guarda la blusa que tenía en la mano, pues no está dispuesta a ponérsela con Derek allí delante.
-Eso depende de las ganas que tengas de que lo haga –responde él, que seguramente no esperaba esa reacción a su beso.
-Entonces ya veremos.

Con una amplia sonrisa en los labios, Ayleen abre la puerta y le hace un gesto a Derek para que salga.

-Mejor me voy por la ventana.
-O podrías pasar a hacerle una visita a tu hermana, está justo al lado, ¿sabes? En esa habitación de ahí –señala en la dirección que está indicando.

Él se lleva una mano a la barbilla, pensativo.Tal vez la pelirroja tenga razón. Asiente con la cabeza y sale del dormitorio.

-Y para que lo sepas –Ayleen se gira cuando ya había echado a andar hasta el comedor- esa actitud de aparezco-en-la-ventana-a-lo-Edward-Cullen no te hace parecer más sexy, aunque creas que sí. 
-Soy lo bastante sexy como para necesitar esas cosas, pelirroja.

Ambos sueltan sendas carcajadas que se unen y retumban por todo el pasillo, permaneciendo en los oídos de Derek y Ayleen hasta que cada uno sigue su camino. 


[Bien, pues aquí va el capítulo 20. Espero que os haya gustado, y como siempre os pido que comentéis en el blog, menciones en twitter o ambas a ser posible, muchas gracias por leer]



martes, 15 de julio de 2014

TESTIGOS DE LA LUNA - Capítulo 19.

I

Ayleen no es capaz de pensar ahora mismo, pero algo le hace dar un súbito respingo y posando una mano en el pecho desnudo de Derek, lo aparta un poco de ella. Ambos tienen la respiración agitada, pero la chica pelirroja acaba de volver a la realidad. Aquello no está bien. No sabe muy bien por qué, pero no está bien. Además de ser un joven atractivo y de que le agrade la idea de imaginárselo acariciándola, también hay algo que le gusta de él, de su personalidad, que tal vez sea ese aire de controlar siempre la situación y de saberlo todo que en ocasiones resulta exasperante pero también tremendamente sexy, pero quizás sea que intuye algo más en Derek, algo que la acaba de hacer ver que no es el momento de llegar con él a nada que no sean besos. Se estropearía todo y Ayleen es perfectamente consciente de que tal vez Derek se olvidara de ella en cuanto se acostaran. Puesto que él le gusta, lo que tiene que hacer es que la necesite y se acostumbre tanto a ella, que aunque acabaran teniendo sexo, Derek quisiera seguir con ella por todo lo demás. Y ese no es el camino.

Él intenta besarla de nuevo, pero Ayleen gira la cara hacia un lado y agacha la cabeza.

-Derek, para -susurra.
-¿Qué pasa? 
-Nada, pero... -se levanta de la cama y le tiende a Derek su camiseta.
-Entiendo -el joven se pone la prenda, pensativo.
-Creo que deberías hablar con tu hermana -ella cambia de tema.

Derek también se levanta. ¿Será que la pelirroja intuye algo de lo que acaba de pasar con Pamela? Definitivamente, no debería haberse acostado con ella. Asiente con la cabeza.

-Iré a buscarla -abre la puerta, siendo él quien invita a Ayleen a salir, para así dar la impresión de que posee el control de la situación.

La chica pelirroja esboza una sonrisa y sale, aunque se queda apoyada en el quicio de la puerta. Se cruza de brazos y mira a Derek, que se está poniendo unos vaqueros desgastados. Su atractivo es tal que casi duele, especialmente porque acaba de rechazarlo. Pero eso no le vendrá nada mal al joven de ojos negros.

-¿Cuánto tiempo crees que lleva pasando? -pregunta Derek al tiempo que coge la tarjeta de su habitación.
-¿El qué?
-Que Owen trate mal a Natasha -la mira con seriedad.
-No lo sé, lo mejor es que se lo preguntes a ella -suspira-. Pero estas cosas no pasan de repente.

Derek se encoge de hombros y Ayleen vuelve a sonreír, mientras él no mira. No es el momento de mostrar contento, pero es una de esas pocas veces en las que Derek se ha mostrado serio y preocupado en presencia de ella, y eso le gusta. Es, sin duda, una buena señal.


II

Ayleen es consciente de que debería ponerse a estudiar, pero no se siente de humor para ello. Sabe que no podrá concentrarse así que decide volver a la cafetería, por si ve a algún conocido y puede hablar un rato con alguien. Así dejará de preguntarse si ha hecho bien frenando a Derek. Cree que sí, pero el calor que aún permanece en su interior se empeña en indicarle lo contrario.
La joven llega a la cafetería y se sienta en una de las sillas a pesar de que no va a pedir nada. No es consciente de la presencia de Axel hasta que éste no se sienta a su lado. En las tres semanas que lleva en esa residencia, Ayleen no ha llegado a entablar mucha relación con él, pero al ser amigo de Natasha y Derek, han hablado alguna que otra vez. Por eso, no sabe si sorprenderse o no de que Axel se le haya acercado.

-Pareces preocupada -comenta él.
-Lo estoy -admite ella, cogiendo una servilleta del servilletero y jugueteando con ella-. Por diversos motivos.

Axel asiente con la cabeza, como si supiera exactamente qué pasa por la cabeza de la muchacha.

-He estado hablando con Natasha.
-¿Y qué te ha dicho? -se interesa ella.
-Supongo que te lo puedes imaginar -se mira las manos, dubitativo-. Creo que necesita ayuda. Tal vez tú podrías ayudarla. Sois amigas.
-Lo somos, pero no la conozco desde el tiempo suficiente como para decirle que deje a su novio -suspira.
-No creo que sea necesario que nadie le diga eso. Quiere a Owen, pero no es tonta.

Ayleen se da cuenta de que inconscientemente ha hecho un barquito de papel con la servilleta.

-¿Sabes qué? El día en que llegué, estaba en la cafetería y Owen se acercó a mí. Se presentó y tuve la sensación de que flirteaba conmigo. Después, conocí a Natasha, y cuando ella me presentó a Owen, este hizo como si no me conociera ya. 
-Muy propio de él -dice Axel en voz baja.
-Lo que quiero decir es que no parece el tipo de chico adecuado para una relación seria... Y vosotros le conocéis desde hace tiempo.

Entonces Axel comprende la acusación de Ayleen. Si ellos sabían cómo era Owen, ¿por qué no advirtieron a Natasha?

-Créeme, si hubiéramos pensado que algo así podía suceder, Derek habría sido el primero en prevenir a su hermana -contesta él tranquilamente, porque sabe que en cierto modo Ayleen tiene razón, y se siente algo culpable.
-Pero sabíais cómo es Owen.
-Todos lo saben. Tú lo sabes, Natasha lo sabe. En realidad, es bastante parecido a Derek -observa la reacción de Ayleen, que se limita a alzar levemente las cejas-. Ambos intentan disfrutar al máximo de la compañía femenina.
-Y Owen se ha pasado de la raya.
-Y Owen se ha pasado de la raya -repite Axel, aceptando que ella no quiera hablar de Derek.

Un grupito de varias personas entra en la cafetería y Ayleen escucha que están comentando la pelea que ha sucedido en el pasillo de la primera planta. Es llamativo que no parecen sorprendidos, ni siquiera Axel lo parece. La chica se levanta de la silla y decide marcharse a su habitación a intentar estudiar para el examen. Entre el trabajo del restaurante en los fines de semana, la presión de las clases y su extraña situación sentimental -que no sabe cómo ha llegado hasta ahí- está realmente cansada, pero tiene que seguir adelante.

-Ayleen -Axel no se gira para seguirla con la mirada pero su voz suena preocupada.
-¿Qué? -deja de caminar.
-Algún día Derek descubrirá que puede experimentar sentimientos verdaderamente intensos, y seguramente tú estés ahí para verlo -carraspea-. Sólo espero que para entonces ya hayas decidido qué significa Connor Ackland para ti.

No dice nada más, y la pelirroja se queda sin palabras. No está muy segura de haber comprendido lo que Axel acaba de decirle, y sobre todo no entiende por qué todos piensan que hay algo entre Connor y ella. Es cierto que Connor es un joven muy guapo, cariñoso, que la trata de maravilla, y que entre ellos hay una bonita relación en la que ambos se comprenden y apoyan, pero ella sólo la considera como una relación de amistad. Sí, a veces se ha imaginado iniciando algo más con él, incluso durante tres noches seguidas soñó que él iba a buscarla a su habitación y de diferentes formas, siempre acababan besándose.

Sin embargo, Ayleen sabe que Derek ha hipnotizado una parte de ella y que no podría estar con nadie que no fuera él porque no dejaría de preguntarse si algo entre ellos habría funcionado. También es verdad que quiere a Connor de una forma especial, y que ella nunca ha creído que una relación de amistad entre un chico y una chica fuera posible sin que a menos uno de los dos acabara enamorado del otro, pero en este caso no le queda más remedio que el de convencerse a sí misma de que sí se puede, porque admitir lo contrario sería o creer que ella le gusta a Connor o que Connor le gusta a ella, y no piensa que sea posible que a alguien le gusten realmente dos personas a la vez. ¿O tal vez sí? 

Pensando en esas cosas llega a su habitación, y para su sorpresa, se encuentra con el joven rubio en su puerta. Por alguna razón, de repente la situación le recuerda a la de sus sueños en los que Connor acababa besándola.


III

Derek da dos suaves toques en la puerta de la habitación de su hermana. Ésta tarda un rato en abrir la puerta, y cuando lo hace, lo hace sin ganas, hasta el punto de que el chico de pelo negro empuja con impaciencia la puerta para entrar por fin. No obstante, cuando ve la cara de dolor de su hermana y su labio inferior hinchado, toda su prisa desaparece y lo único que se siente capaz de hacer es abrazar con fuerza a Natasha. Su hermana se refugia en su pecho, como cuando eran pequeños y escuchaban a sus padres gritándose en el dormitorio, y Derek le acaricia el pelo a lo largo de toda su espalda, intentando tranquilizarla. Sabe que Natasha es fuerte y que lo último que quiere es que su hermano la vea llorar, pero lo necesita, y a pesar de todo con ella es con la única persona con la que Derek es capaz de mostrarse afectuoso, al menos hasta ahora. 

-Tranquila, pequeña, tranquila –susurra en su pelo.

Ella se abandona por fin al llanto que antes estaba intentando contener, y Derek nota su camiseta humedecerse cada vez más, provocándole un frío en el pecho que no está totalmente seguro de que provenga del exterior. 

Pasado un rato, Derek se siente capaz de bajar la vista hasta Natasha y de obligarla a mirarlo. Ella sorbe por la nariz, se limpia las lágrimas con el dorso de la mano, y lo mira con ojos enrojecidos pero que han conseguido dejar de llorar. 

-No voy a dejar que te pase nada, ¿me oyes? –sujeta la cara de su hermana entre sus manos.

La joven de piel morena asiente levemente con la cabeza.

-Naty, sé que le quieres, pero como Owen vuelva a acercarse a ti… 
-Dudo que pueda hacerlo, al menos durante un mes –agacha la mirada.
-¿Por qué lo dices? –Derek frunce el ceño.
-He estado hablando con Madeleine –la chica recuerda su conversación con la directora unos minutos atrás.
-¿Y qué te ha dicho? 

Natasha suspira, abatida.

-Bueno, va a llamaros para decíroslo ella personalmente, pero… A ver, no quiere echaros de la residencia, no de forma permanente. Así que sólo va a expulsaros un mes, en el que no piensa dejaros que pongáis un solo pie aquí. 


[En fin, sé que he tardado un siglo y que tal vez no tenga excusa pero tenía que parar, y lo hice. Seguramente no recordéis ni siquiera de qué iba esta novela, pero espero que no la hayáis abandonado y que tras refrescar la memoria, este capítulo os haya gustado. Muchas gracias por leer]

viernes, 20 de junio de 2014

TESTIGOS DE LA LUNA - Capítulo 18.

I

Madeleine mira de reojo a Natasha mientras finge estar escribiendo algo en su ordenador. Parece muy afligida y no deja de retorcerse las manos, que tiene sobre la mesa. Sus ojos están hinchados, al igual que su labio inferior. Su testimonio es clave para que Madeleine tome la decisión con respecto a qué va a hacer con Derek y con Owen. 

-¿Cómo te encuentras, Natasha? -pregunta por fin la directora.
-Bien -musita ella.

La mujer asiente con la cabeza y se inclina hacía delante, mostrando su interés en al asunto.

-¿Te duele? -señala sus labios.
-Un poco.

Vuelve a asentir.

-¿Qué ha pasado?

Natasha se queda en silencio, tal vez dudando sobre qué responder bien por temor o bien por vergüenza. Madeleine no está muy segura porque por la información que le han dado antes Derek, Owen, Connor y la pelirroja, tampoco es que haya sacado mucho en claro. Pero sabe que Natasha ha sido el motivo de que Derek haya pegado a Owen de ese modo y quiere descubrir por qué, aunque se hace una idea.

-No lo sé -contesta la interpelada, dubitativa.
-Natasha -la directora de la residencia la mira a los ojos-. No quiero echar de aquí ni a tu hermano ni a Owen, pero necesito un motivo para no hacerlo. Ya me han causado bastantes problemas y...
-Derek sólo me defendía -se apresura a aclarar ella.
-Entonces Owen te estaba haciendo algo -infiere Madeleine.
-No, sólo... teníamos ideas opuestas.
-Bonita forma de maquillar una disputa.

Antes de que Natasha pueda decir nada, la mujer vuelve a centrarse en fingir que escribe algo en su ordenador. Madeleine es plenamente consciente de que Natasha está defendiendo a su novio, que unas horas antes ha pretendido obligarla a algo que ella no quería hacer. El problema reside en que es muy difícil ayudar a alguien que no quiere ayuda.


II

Ayleen está en la cafetería, dándole vueltas a una taza que contiene una tila. Está nerviosa, no sólo porque puedan echar a Derek de la residencia, sino porque Natasha es su amiga y no le ha gustado nada lo que ha pasado con Owen. En consecuencia, no se da cuenta de que Connor se ha sentado enfrente de ella hasta que éste carraspea.

-Hola -Ayleen esboza una sonrisa y su amigo la mira muy serio-. ¿Ocurre algo? 

Él se escoge de hombros. La pelirroja achaca su afectación a lo sucedido con Natasha, no puede saber que en realidad hay algo más. 

-¿Te puedo contar una cosa? -pregunta él después de largo rato.
-Claro -por fin da el primer sorbo a su tila.

En los quince minutos siguientes, Connor le habla del tiempo en que estuvo enamorado de Natasha, y resalta especialmente el papel mezquino que tuvo Derek al contárelo a todos. Ayleen no toca su bebida en ningún momento, ni siquiera para juguetear con el vaso de manera inconsciente, pues se dedica simplemente a escuchar. No está muy segura de por qué el joven rubio le está contando aquello precisamente en ese momento, pero lo cierto es que no lo esperaba. 

-Así que por eso odias a Derek –murmuró la chica pelirroja.
-No le odio.
-Bueno, por eso te cae mal –se miró las manos sintiéndose culpable.
-En efecto –corrobora Connor-. Por eso y por su prepotencia, su arrogancia, su creencia de que puede hacer todo lo que le dé la gana…
-Lo pillo –le interrumpe Ayleen antes de que pueda continuar.

La joven sabe que Derek es todas esas cosas y más, pero a pesar de ello le gusta, aunque no puede culpar a Connor por sentirse así hacia el chico de pelo negro y ojos indómitos. 

-Ayleen.
-¿Qué?
-¿Le conoces?
-¿Cómo que si le conozco? –se sorprende ante la pregunta y no está muy segura de qué debe responder- Hemos hablado a veces y…
-No –sentencia Connor-, no le conoces.
-Connor, no entiendo de qué estás hablando.
-No, claro que no.

Con una sonrisa triste, el joven se levanta de su asiento y se marcha de allí con un simple gesto con la cabeza como despedida. Ayleen está confusa, porque es evidente que Connor se ha dado cuenta de lo que está empezando a surgir entre Derek y ella, pero no comprende su reacción. O quizás sí que la comprende, pero no quiere admitir que se ha equivocado por ocultárselo a su amigo, aquel que lleva estando ahí para ella desde el principio, cuando llegó a la residencia hace tres semanas. Tres semanas. Su vida ha cambiado mucho en ese tiempo, pero no está segura de si ha sido para bien o para mal.


III

Derek contempla, desnudo, el techo de su habitación. Se está haciendo un experto en eso de pasarse los minutos mirando el techo, y piensa irónicamente que tal vez debería pegar un póster para entretenerse mirándolo, al menos. Pamela acaba de marcharse y él sigue en la cama, preguntándose si lo que ha hecho ha estado bien. Nunca se había sentido así. Siempre se ha acostado con quien ha querido y cuando ha querido, pero ahora tiene la sensación de que no debería haberlo hecho. Sin duda a Ayleen no le haría ninguna gracia enterarse de aquello. No es que sean pareja, nada más lejos de la verdad, pero el hecho de besarla de vez en cuando supone ciertas implicaciones para una chica. 

El joven se lleva las manos a los ojos, tapándolos, como si así pudiera desconectar su mente. Tiene muy claro lo que quiere, pero también está empezando a descubrir que no le desagrada pasar tiempo con Ayleen. Antes de poder seguir reflexionando sobre la complicada situación en la que se encuentra, alguien toca a la puerta. 

-¡Voy! 

Se levanta a toda prisa, se pone unos bóxers y hace de forma poco cuidada la cama. Abre la puerta.

-Vaya. Hola, pelirroja –dice en el tono más desenfadado de que es capaz.

Ayleen lo mira desde los dedos de los pies hasta la cabeza. No es la primera vez que ve a Derek en esas condiciones teniendo en cuenta que le ha visto en bañador en la piscina y su cuerpo quedaba igualmente descubierto, pero el simple hecho de que sólo lleve calzoncillos en lugar de bañador le produce cierto sonrojo y, por qué no admitirlo, le genera un profundo calor que la recorre desde el estómago hasta el pecho.

-¿Hola? –Derek pasa una mano por delante de sus ojos, ligeramente divertido.
-Ho…la –ella por fin vuelve en sí.
-¿Quieres pasar? –hace un gesto de invitación.

La chica se encoge de hombros y accede. Derek la deja pasar y cierra la puerta tras de sí. 

-¿Cómo estás? –pregunta Ayleen sentándose en la cama.

El muchacho de pelo revuelto piensa con cierta culpabilidad que Ayleen se encuentra ahora mismo en el sitio en que él acaba de hacer el amor con otra, pero se muerde la lengua y suspira antes de contestar.

-Me gustaría matar a Owen, pero por todo lo demás, bien.
-Realmente te ha enfurecido, ¿no?
-¿Tú qué crees?
-¿Has hablado ya con Natasha?

Derek niega con la cabeza.

-Quizás deberías hacerlo –le recomienda Ayleen.
-Lo que no entiendo es por qué ella no ha hablado conmigo.
-A veces necesitamos un empujoncito para algunas cosas.

La pareja guarda silencio. Derek la mira, pensando en lo guapa que es. Físicamente, tiene varias cosas que podrían mejorarse, pero en conjunto es una de esas chicas que llaman la atención. Desde arriba, puede ver el pequeño canal que separa sus senos y comienza a excitarse. Se obliga a respirar hondo y se da la vuelta para calmarse.

Ayleen aprovecha que él está de espaldas para decir lo que realmente la ha llevado hasta allí.

-¿Por qué Connor y tú os lleváis tan mal?

Derek gira la cara para mirar a la chica de reojo. Su pregunta lo ha descolocado, pues no la esperaba. De hecho, suponía que su amiguito el rubio ya se lo habría contado. Él no sabe que en efecto, así es.

-Él se lleva mal conmigo –puntualiza Derek-. Yo sólo considero que va de bueno y en realidad no lo es tanto. 
-¿Y por qué se lleva mal contigo? 
-¿Qué más da? En este mundo, la gente se queja de hipocresía, pero cuando le dan sinceridad, se dan cuenta de que no les gusta.

Durante varios segundos los dos vuelven a callar. Probablemente aquellas palabras no hubieran tenido ninguna clase de sentido para Ayleen si no fuera porque Connor ya le ha contado la historia. Decide no insistir más porque no quiere que Derek se moleste con ella.

Él se da la vuelta de repente y se queda mirando a Ayleen con intensidad. La mira buscando en sus ojos las respuestas que no es capaz de encontrar en él mismo, la mira preguntándose si será posible acabar enamorándose de ella, la mira pensando qué se sentirá al sentir sus caricias y si alguna vez llegará a saberlo. Está convencido de que sí, pero esa es la pregunta que menos le preocupa de todas las que se agolpan ahora mismo en su cerebro. 

Camina hasta ella y se sienta a su lado, en la cama, sin dejar de mirarla. 

-Derek… -susurra Ayleen.
-¿Sí?
-¿Qué quieres de mí? –pregunta, y parece verdaderamente ansiosa porque él responda. 

Sin embargo, ni siquiera él lo sabe. Bueno, en realidad sí lo sabe, pero no va a decírselo. Y se está planteando que quizás quiera algo más. Cuando la vio aparecer por la puerta de la residencia, lo primero que pensó fue que quería tener sexo con ella. Pero ahora… Incapaz de responder, se inclina sobre la pelirroja lentamente, sintiendo la respiración de la muchacha sobre sus labios. Le apetece besarla, y es lo que hace. Rodea la cintura de ella con un brazo, aunque sabe que no se va a ir a ninguna parte, y une sus labios a los de ella. Primero despacio, luego de forma más acelerada. Ayleen se deja llevar, y juguetea con el borde de la camiseta de Derek, introduciendo debajo de ella sus dedos para acariciar sus marcados abdominales. Quiere quitársela pero no sabe si debe hacerlo. Las manos de él también exploran bajo su camiseta, y acarician uno de sus pechos por encima del sujetador. Finalmente, Ayleen tira de la camiseta de Derek y la lanza a alguna parte de la habitación. No sabe cómo acabará ese momento, sólo es consciente de los besos de Derek en su cuello y de que, a pesar de las dudas que ha generado su conversación con Connor, en este instante sólo quiere más. 


[Ay, ¿qué irá a pasar entre esos dos? ¿Pensáis que llegarán a algo más? ¿Creéis que Ayleen se está equivocando? Dejádmelo en los comentarios aquí en el blog o en menciones en twitter, y si es en ambos, mucho mejor. Gracias por leer, espero que os haya gustado]

martes, 17 de junio de 2014

TESTIGOS DE LA LUNA - Capítulo 17.

I

Cuatro pares de ojos miran a la mujer que, sentada impasible frente a ellos, espera a que alguien se digne a explicar lo ocurrido. En realidad, uno de los jóvenes tiene el labio superior hinchado y un ojo de un color morado bastante desagradable. Los puñetazos que acaba de recibir están empezando a mostrar sus consecuencias. 

Connor tiene el ceño fruncido. Ni siquiera sabe por qué está allí, pues lo único que él ha hecho ha sido sujetar a Natasha -que ahora está con Phil, el conserje- para evitar que cayera al suelo. El joven no está contento en absoluto, no sólo por estar involucrado en algo con lo que no tiene nada que ver, sino también por lo que le ha ocurrido a Natasha y por lo que ha visto entre Ayleen y Derek. Cuando ella ha ido a pararle, ha dado la sensación de que se conocieran, y más aún cuando le ha cogido la mano y le ha susurrado algo que sólo ellos dos han podido oír. Así que no, no le corresponde a él ser el que hable.

Madeleine, la directora, contempla a los cuatro jóvenes. A Owen y Derek los conoce bien por todos los problemas que han causado desde que están en la residencia, pero nunca antes había ocurrido ningún acontecimiento violento. A Connor lo conoce también porque siempre se ha mostrado muy amable y dispuesto a ayudar, y de hecho colaboró enseñándole el lugar a los nuevos estudiantes. De la pelirroja sabe poco, pues es nueva, pero no le da la impresión de que sea una chica que cause problemas. Sabe que los culpables ahí son Derek y Owen, pero Connor y la chica no sólo han sido testigos en primera línea sino que además le sirven como moderadores entre los otros dos, que Madeleine no duda de que se pondrían a pegarse si no estuvieran separados por dos personas. Nadie dice nada, así que la mujer suspira con resignación para sus adentros y decide iniciar ella la conversación.

-Supongo que sabéis que cualquier actitud violenta es castigada con la expulsión, ¿verdad?


II

Axel llega a consejería a paso apresurado, y se encuentra a Natasha con un vaso lleno de agua entre sus manos temblorosas y a Phil diciéndole algunas palabras de consuelo. 

-No te preocupes, todo se arreglará -repite el hombre, a pesar de que no tiene ni idea de qué ha pasado.

Axel tampoco lo sabe, pero por lo que le han contado, puede hacerse una idea. Natasha alza la mirada hasta el recién llegado, y este se plantea entonces que tal vez ella no quiera verle. Pero Axel no es sólo amigo de Owen, también lo es de Natasha. Y en este caso cree que la que merece la atención es ella. El teléfono de Phil empieza a sonar y el hombre se excusa y sale a la entrada para hablar tranquilamente. Axel se sienta en una silla enfrente de la chica.

-¿Cómo estás? -le pregunta.

Ella se encoge de hombros.

-¿Quieres que me vaya?

Niega con la cabeza. Axel se fija en que tiene el labio inferior hinchado y algo de sangre seca en la barbilla. El joven se saca un pañuelo de papel del bolsillo y con cuidado le quita a Natasha el intacto vaso de agua que sostiene entre las manos. Moja el papel en el líquido y lo pasa por la piel de ella, limpiándole las marcas físicas que corresponden sólo a una ínfima parte del dolor que la chica siente.

-Axel -murmura ella en el tono de quien va a hacer una confesión.
-¿Sí? -lanza el pañuelo manchado de sangre a la papelera.
-Me ha pegado.
-Lo sé, lo...

Natasha le interrumpe.

-Y aún así, le quiero.

Él se queda quieto, sin saber qué decir. No es un experto en esas cosas, no sabe cómo se le habla a la gente que tiene problemas.

-Le quiero, pero al antiguo Owen, al de hace unos meses. Al Owen de ahora le tengo miedo, pero no puedo evitar pensar que el Owen real va a volver, que esto es sólo un mal sueño.
-Naty… -Axel mira su labio herido y comprende que ella necesita ayuda.
-¿Qué? –Natasha está al borde del llanto.
-Ese Owen… no va a volver –sentencia-. Ha cambiado, y aunque queramos que todo sea como antes, no va a serlo.

Desbordada por la situación, la joven de pelo negro comienza a llorar sin control. Phil se asoma a la puerta con el teléfono en la mano, pero Axel le hace un gesto indicándole que él se encarga de la situación. Avanza hasta Natasha y, haciéndola ponerse en pie, la abraza con fuerza. Es su amiga, y le duele verla así, sobre todo porque no sabe cómo auxiliarla. Owen también es su amigo, pero eso que ha hecho demuestra que Natasha tiene razón: ha cambiado. Nunca ha sido un chico especialmente cuidadoso con las mujeres, y todos sabían que no quería a Natasha tanto como ella a él. Pero nadie esperaba que no sólo no la quisiera sino que pudiera llegar a despreciarla de tal modo como para hacerle daño. 

La muchacha se deja acunar en el pecho de Axel, buscando el refugio de unos brazos cariñosos y humedeciéndole la camiseta con sus lágrimas.

-Estoy asustada –solloza.
-Tranquila, no te va a pasar nada.

Axel le acaricia con delicadeza el cabello e intenta calmarla, pero en realidad no está en absoluto seguro de que lo que le acaba de decir a Natasha sea cierto.


III

-¿Estaba pegándole? 

Connor niega con la cabeza.

-Creo que quería forzarla a entrar en la habitación. 
-Dios mío –la aguda voz de Hayley suena preocupada. 

Mark observa la escena sentado en la cama. Connor no deja de andar de un lado para otro de la habitación, y Hayley, sentada en la silla, ha empezado a morderse las uñas. Es cierto que Natasha no es una gran amiga ni nada por el estilo, pero un suceso como aquel es capaz de conmocionar a cualquiera. Excepto a Marcus, que está bastante relajado y analiza en su mente lo que el joven rubio les ha contado. 

-Está bastante claro que se trata de violencia de género –puntualiza el estudiante de psicología al ver que sus dos amigos han decidido guardar silencio.
-Yo no lo veo tan claro –Hayley le mira-. Quizás sea un acontecimiento aislado.
-Nunca es un acontecimiento aislado –Mark pone los ojos en blanco.
-¿Qué ha dicho la directora? –los dos amigos giran el rostro hacia Connor.
-Básicamente, nada –éste se pasa las manos por el pelo-. Quiere hablar con Natasha también, cuando se recupere del susto. 
-¿Va a echarles? –insiste Marcus.
-¿A quién?
-Pues a Owen y Derek. ¿No son los que se han peleado?

Connor asiente distraídamente con la cabeza y Hayley entrecierra los ojos. La chica está convencida de que le ocurre algo aparte de lo que le ha pasado a Natasha. Se le ve muy preocupado, demasiado, tal vez.

-¿Y Ayleen? –pregunta, adivinando en ella la responsable del disgusto de su amigo.
-¿Qué le pasa? –Connor frunce el ceño.
-Estaba allí, ¿no? 
-Sí.
-¿Y dónde está ahora?
-¿Tengo que saber cada paso que da y con quién lo da? –el chico de ojos claros parece molesto- Estará en su habitación, o no sé.
-Era sólo curiosidad –se defiende Hayley.

Mark carraspea, recordándoles a sus amigos que se han desviado del tema de conversación.

-Creo que Natasha debería recibir ayuda de algún especialista.
-Ni siquiera tiene por qué ser violencia de género, Mark. Puede que haya sido sólo una pelea de pareja.
-Yo creo que él tiene razón –Connor mira al suelo.

La joven de voz aguda resopla. Tiene la sensación de que últimamente Connor está ausente, y ahora encima sólo parece querer llevarle la contraria. No está nada contenta con la actitud de su amigo y sabe quién es la responsable de ella. Y aunque no haya dicho nada, es plenamente consciente de que Ayleen no le está contando todo lo que debería a Connor. Sobre todo tras aquel día en que Hayley vio a Natasha entrar a la residencia con Owen, y era supuestamente con ella con quien la pelirroja decía que estaba. 


IV

Con la nuca apoyada en sus manos, Derek mira al techo de su habitación. Sabe muy bien que no va a quedarse dormido, pero necesita un descanso físico y a ser posible también mental. Esto último, sin embargo, es algo más difícil. Le duelen los puños, pero sobre todo le duele lo que le está pasando a su hermana. Natasha no ha querido hablar con él alegando que estaba cansada, pero Derek sabe que teme hacerlo por lo que él pueda decirle, por si la reprende. 

No sabe qué debe hacer. ¿Qué se supone que tiene que hacer? Tal vez incluso lo echen de la residencia, de modo que tampoco merece mucho la pena pensarlo. Al menos si lo echan a él, Owen también se irá a la calle, y no podrá molestar a Natasha. Intenta desviar el asunto de su mente pensando en otra cosa, y lo primero que le viene a la cabeza es Ayleen. La pelirroja le ha preguntado si quería que pasara un rato con él pero Derek ha preferido estar solo. 

Derek piensa con ironía que está a punto de cumplirse el plazo máximo de un mes que se impuso para acostarse con ella. Las cosas han ido más lentas de lo que esperaba, si bien es cierto que se han besado varias veces y que no puede ser más evidente que le gusta a la joven. A él también le gusta ella, y sigue decidido a cumplir con su objetivo. 

Justo entonces tocan a la puerta. Derek se plantea no abrir, pero como quienquiera que sea insiste, finalmente se levanta de la cama y lo hace.

-Pamela –dice, algo sorprendido.
-Me he enterado de lo de tu hermana –comenta, apenada.

Derek asiente con la cabeza, sin saber qué decir. Lleva sin ir a visitar a Pamela desde aquel día en que después se encontró a Ayleen en el pasillo y logró que ésta aceptara ir a comer con él. Eso es mucho tiempo para ellos. Pam se pone de puntillas y le da un beso en la mejilla.

-¿Puedo pasar? –pregunta la joven. 

Él se lo piensa un instante. Sabe muy bien para qué quiere entrar, pero acaba por asentir con la cabeza y hacerse a un lado para que esa joven atractiva entre en su habitación. 


[Vaya con Pamela, eh. En fin, espero que os haya gustado el capítulo y que me digáis qué os ha parecido o bien en un comentario aquí en el blog o bien en una mención en twitter, y si es ambas cosas pues mejor todavía. Muchas gracias por leer]

sábado, 14 de junio de 2014

TESTIGOS DE LA LUNA - Capítulo 16.

I

Ayleen mira a ambos lados del pasillo, aliviada de comprobar que nadie les ha visto. Entra en su habitación y cierra la puerta, sin entender qué está sucediendo en su vida. No es la primera vez que se besan, pero está muy confusa. No sabe lo que quiere, y esa forma de actuar no es para nada propia de ella. Se pregunta si es posible haber cambiado tanto en tres semanas, y la respuesta siempre es la misma: no. Entonces, ¿por qué se comporta así? Besando a un chico -o siendo besada por él- en secreto, sin estar enamorada de él. Sí, Derek es tremendamente atractivo en todos los sentidos, pero Ayleen sabe muy bien qué es lo que busca de ella. ¿Será que cree que puede cambiar o que ella quiere lo mismo que él?

La primera vez que la besó pareció casi un error. Ambos miraron a la vez hacia el mismo sitio y el encuentro de sus labios fue inevitable, inevitable y fugaz. Pero se repitió en otras ocasiones, y Ayleen no hizo nada por frenarlo. Le gusta, eso es obvio, pero por algún motivo, cada vez que está con Derek se siente mal por Connor. Es como si le estuviera engañando, porque ese chico de pelo rubio que la trató genial desde el primer día no tiene ni idea de que ella ha salido a veces con Derek, generalmente por la noche. Y cuando se pregunta a sí misma por qué no se lo ha confesado a Connor, siempre se dice que es porque los dos chicos no se llevan bien, y Connor se sentiría decepcionado con ella. ¿Acaso tendría motivos para estarlo? Ayleen ni siquiera sabe por qué se llevan mal. Sólo sabe que le gusta pasar tiempo con los dos, pero que Derek está consiguiendo llevarse una parte de ella que tal vez no sea seguro entregarle. 

-¡Aggg! 

Ayleen zarandea un cojín, impotente, porque no sabe lo que siente por Derek, porque sabe que Connor se acabará enterando y porque quiere que Derek la vea como algo más que un juguete para un rato diversión.

Se sienta en el escritorio, abre su libro de anatomía y mira con desgana las páginas que tiene que estudiarse para el viernes. Sin embargo, su mente no está por la labor y empieza a recordar aquel primer beso que Derek le dio...


II

Ayleen masculló algo que Derek no pudo llegar a oír. Ambos debían estar ya en sus respectivos dormitorios, pues era bien pasada la hora de la cena, pero el chico de piel morena había conseguido convencer a Ayleen para que se quedara con él un poco en el jardín de la residencia. Y allí estaban, sentados en el césped, sin nada de que hablar, pero pasando los minutos uno al lado del otro.

-Derek, ¿tú qué estudias? -preguntó de repente ella.
-¿Y eso?
-Da la sensación de que estás aquí para pasar el rato.
-En cierto modo, todos lo estamos -Derek miró a Ayleen con una sonrisa dibujada en sus labios.
-¿Entonces no estudias?
-Claro que estudio. 
-¿El qué? -la chica no sólo insistía por curiosidad, sino también por tener algo de qué hablar.
-¿Es que quieres comprobar si soy un buen partido? Ya te lo digo yo, no lo soy.
-Imbécil -ella soltó una leve carcajada.

Después de unos segundos de silencio en los que quedó claro que Derek no quería hablar de sí mismo, fue él quien habló de nuevo.

-¿Estás saliendo con Connor? 

La pregunta sorprendió tanto a Ayleen que ni se le ocurrió dejarle con la intriga igual que había hecho él con el tema de sus estudios.

-¿Qué? ¡No! Sólo somos amigos -se sonrojó ligeramente, pero él no pudo apreciarlo porque era de noche.

Derek asintió con la cabeza, pensativo. Ayleen sin embargo, se había puesto algo nerviosa, porque Connor era un chico estupendo que le caía genial y con el que a veces se preguntaba si no podría llegar a surgir algo más, pero Derek... También le gustaba. Decidida a cambiar de tema, giró su cara a la izquierda para mirarle y el chico moreno hizo lo respectivo para mirarla a ella. 

-No me había dado cuenta de esto -Ayleen señaló un tatuaje que se veía en la piel descubierta del hombro de Derek.
-Es uno de los muchos de la colección.

Con una sonrisa perezosa, él agachó la mirada y la barbilla para mirar su propio hombro, y ambos fueron entonces conscientes de la proximidad de sus rostros. Como si hubiera sido un movimiento casual, Derek se inclinó un poco hacia Ayleen y posó con delicadeza sus labios sobre los de ella. Fue sólo un segundo, pero el hecho de que Ayleen no hubiera rechazado aquel contacto implicaba muchas cosas.


III

Mientras se cepilla los dientes, Natasha le sonríe a su reflejo en el espejo. Le ha gustado ver a su hermano y a Ayleen tan juntos, y aunque él todavía no le ha contado nada, sabe que hay algo entre ellos. A la joven de pelo negro le encantaría que salieran juntos, porque cree que Derek podría "formalizarse" gracias a ella. Quién sabe, quizás incluso enamorarse. No se imagina a su hermano así, sin mirar con descaro a cada chica que pasa a su lado, sin hacer visitas de vez en cuando a Pamela, pero ¿quién sabe? Uno no elige al amor, el amor lo elige a él. 

La cara de Natasha cambia completamente. Tal vez no sea tan bueno que su hermano se enamore, después de todo. El amor a ella le está haciendo mucho daño, demasiado. Y no quiere ni que se lo hagan a Derek ni que él se lo haga a alguien. Aunque Owen a ella no la quiere, eso lo tiene cada día más claro. Ya ni siquiera está segura de quererle ella a él. Lleva tiempo actuando extraño, ni siquiera parece la misma persona, y a pesar de que le prometió que no volvería a hacerle daño físico, lo ha hecho. Nunca cosas graves, pero para Natasha el dolor no es tanto físico como interior. 

Dos golpes en la puerta la sobresaltan. La joven escupe la pasta de dientes, se enjuaga la boca y va a abrir, pensando que a lo mejor es Derek para contarle qué hay entre Ayleen y él. De modo que no esperaba ver allí a Owen, y cuando le ve, frunce ligeramente el ceño.

-¿No te alegras de verme? -la mira, impasible.
-¿Por qué piensas eso? -Natasha no le invita a entrar, porque la verdad es que ahora no le apetece estar con él.
-Me ha dado la impresión de que no esperabas verme a mí -poco a poco, su novio entrecierra los ojos.
-Vamos, Owen, ¿a quién iba a estar esperando que no fueras tú?

Natasha esboza una sonrisa forzada, y se da cuenta de que ha hecho la pregunta errónea. Sin embargo, él no le da más vueltas al asunto y agarrándola por la cintura, saca a su novia al pasillo. La pone de cara a la pared y se pega a ella, pasando su lengua por el cuello de la chica. Acaricia la parte interior de su muslo, y Natasha protesta.

-¿Qué pasa? -parece molesto ante la interrupción.
-Owen, estamos en mitad del pasillo.

Ella se gira y echa a un lado para separarse de su novio.

-¿Y? ¿No te apetecería? -intenta acercarla a él pero Natasha se niega.
-No, no me apetecería.
-Bueno, pues vamos dentro -señala la puerta abierta.
-No, Owen, no tengo ganas.

Natasha no se atreve a mirarlo. Hace mucho tiempo que no se niega cuando él quiere acostarse con ella, pero el hecho de estar en el pasillo, donde cualquiera puede ir a socorrerla si Owen se pasa de la raya, le da fuerzas, y se niega por primera vez a algo que él le pide.

-¿Que qué? -Owen parece esencialmente incrédulo.
-Que no me… -murmura Natasha, amedrentada.

El joven agarra a su asustada novia y tira violentamente de ella. No está dispuesto que le nieguen lo que quiere.


IV

Tranquilamente, Connor camina por el pasillo. Ayleen se ha dejado las gafas de sol en el césped, y aunque probablemente no las vaya a necesitar hasta la cena y el muchacho pudiera dárselas entonces, tener una excusa para visitar a la chica pelirroja no es ningún problema, todo lo contrario. De repente, escucha un grito. Frunce el ceño, extrañado, y acelera un poco el paso pues la voz –femenina- ha sonado precisamente en la dirección a la que él se dirige. Le llega otro sonido, este similar a una especie de protesta ahogada, y se escucha muy cerca. Casi echa a correr cuando se da cuenta de que debe venir de la habitación de Ayleen, así que cuando se encuentra en el pasillo a Natasha con su novio, para en seco, sorprendido. Owen la tiene sujeta por las caderas, de espaldas a él, y la joven forcejea para librarse de sus brazos. Natasha tiene sangre en la barbilla, que gotea desde su labio inferior. 

Connor está demasiado impresionado como para reaccionar y se queda quieto unos segundos.

-Ah, así que éste era el cabrón al que estabas esperando, ¿eh? –Owen tiene los ojos desorbitados-. ¡Ni te acerques a ella! 
-¡Joder, Owen, que no estaba esperando a nadie! ¡Suéltame! –patalea, pero él la tiene sujeta con fuerza.

Entonces, el joven rubio comprende que Owen se estaba refiriendo a él. Se produce un silencio en que ninguno de los tres se mueve, de modo que escuchan perfectamente la puerta de la habitación 119 abrirse. Tres pares de ojos contemplan cómo Ayleen sale de la habitación. La chica pelirroja contempla la escena con estupefacción. Ha escuchado ruido pero pensó que sería una película, o alguien bromeando. Al ver que no cesaba, ha decidido salir al pasillo y ella también se ha quedado en shock. 

-Vamos –Owen intenta arrastrar a su novia hacia dentro de la habitación, y todo lo demás sucede a una velocidad pasmosa.

Ayleen y Connor se adelantan para intentar impedirlo –pues está claro que todo está pasando en contra de la voluntad de Natasha-, pero súbitamente Owen suelta a su novia y desaparece. En realidad, cae al suelo, y Derek, que acaba de aparecer porque también se ha alarmado con los gritos, está sentado a horcajadas sobre él, zarandeándolo. 

-¡¿QUÉ-COÑO-HACES?! –grita, fuera de sí.

Connor se da cuenta de que Natasha se está apoyando débilmente en la pared y logra sujetarla antes de que caiga al suelo. No sabe si se ha desmayado o si está consciente, pero los brazos de Connor la rodean con fuerza y la mantienen en pie. Ayleen ve cómo Derek le da un puñetazo a Owen y su nariz empieza a sangrar. El novio de Natasha intenta levantarse y no lo consigue, pero le da un rodillazo a Derek en la espalda, quien suelta todos los insultos que conoce y le golpea de nuevo en la cara. La pelirroja no sabe qué hacer, y algunos compañeros cuyo cuarto está en ese pasillo se acercan a ver de dónde viene tanto ruido. Derek alza el brazo para asestarle otro puñetazo, pues Owen está aturdido y aún no ha reaccionado.

-¡Para! –grita Ayleen, corriendo hasta ellos- ¡Derek, para! 

Él la mira un segundo. La muchacha ve en sus ojos más rabia de la que ha visto jamás, y aunque no puede comprender cómo se siente, entiende su ira por lo que Owen estaba haciendo a Natasha. Sin embargo, Derek sólo va a buscarse más problemas de los que ya ha conseguido si sigue pegándole. 

-Para –susurra ella, más preocupada por lo que pueda pasarle al chico de pelo negro que a Owen. 

Con un gesto de dolor y rabia contenida, Derek se levanta. Owen tose, tirado en el suelo, y Ayleen busca con su mano la del chico, que no rechaza el contacto pero tampoco responde a él. No le importa, la pelirroja sólo quiere que se calme y que no vuelva a pegarle a Owen. 

-Te juro por Dios que como vuelvas a acercarte a mi hermana, te mato –dice Derek. 

Cada vez son más los testigos de lo que está pasando, y entre ellos está la directora de la residencia, que, avisada por uno de los estudiantes, ha subido a la primera planta a ver quién estaba rompiendo las normas de su residencia. 


[Vaya vaya. Parece que algunas cosas se están acelerando ahora, ¿no? ¿Qué consecuencias tendrá lo que acaba de pasar para los protagonistas? ¿Y esa extraña relación que tienen Ayleen y Derek? En fin, agradezco todos los comentarios (en el blog y si puede ser en menciones en twitter también), y supongo que ahora podré subir más a menudo porque ¡YA HE ACABADO SELECTIVIDAD! Gracias por leer y espero que el capítulo os haya gustado]