domingo, 19 de octubre de 2014

TESTIGOS DE LA LUNA - Capítulo 26.

I

Derek abre los ojos lentamente, aturdido. Está tirado en el suelo de su dormitorio, con la camiseta a medio poner y un brazo en un ángulo extraño e incómodo. Se incorpora y un fuerte mareo le sobreviene de repente, de modo que se queda sentado, con la espalda apoyada en los pies de la cama. El dolor del costado se ha mitigado un poco, pero se niega a desaparecer. Ha logrado respirar hondo cuando nota que algo caliente le baja por la mejilla. Derek se lleva los dedos a la cara y al mirarlos los ve ensangrentados. Ha debido darse un buen golpe en la frente al caer al suelo.

Todavía sentado, se pone la camiseta. Consigue ponerse de pie –lo que aumenta el dolor de las costillas y la cabeza-, se lava la cara y se coloca una gasa en la herida de la frente. El ojo derecho se está volviendo de un tono azulado bastante feo, y hay morados empezando a aparecer por sus brazos, además de sus nudillos en carne viva. Sabe que tiene que ir al hospital porque todos deben estar preocupados por él, aparte de que una radiografía no le vendría nada mal para saber por qué le duele tanto el puñetero costado, aunque no le apetece en absoluto que lo vean en ese estado tan lamentable. Se obliga a no pensar en cómo habrá dejado a Owen, que durante tanto tiempo fue su amigo.

Derek baja las escaleras no sin dificultad, y conduce hasta el hospital sirviéndose sólo de la mano derecha, pues usar la izquierda agrava su dolor. Caminar tampoco le resulta nada fácil, pero entra al hospital erguido y con su habitual porte de dignidad; se traga sus dolencias porque es lo que Derek Harris hace siempre. Se pone su chaqueta negra para ocultar las contusiones de los brazos y mira al frente.

Al primero que se encuentra es a Connor, sentado en un banco de la entrada del hospital. Parece abstraído en sus pensamientos hasta que se da cuenta de que Derek está entrando por la puerta. Lo mira horrorizado, preguntándole con los ojos qué clase de locura ha hecho, pero Derek simplemente se encoge de hombros y le dedica una media sonrisa. Ninguno de los dos hace amago de intentar hablar con el otro.

Ya que ha llamado al ascensor, decide ir por las escaleras. Si le ven aparecer por su propio pie, tal vez piensen que no es nada grave. En realidad, Derek no sabe si lo es o no, pero primero quiere ver a su hermana y que todos vean que está “bien” antes de ir a suplicar en urgencias que le confirmen que se equivoca.

No se da cuenta de que Ayleen está sentada en un escalón hasta que está casi encima de ella. Tiene los ojos y la nariz enrojecida aunque no está llorando, y su cabeza descansa apoyada en la pared y tiene la mirada fija en la pared de enfrente. Se la ve exhausta.

-Hola, pelirroja.

La muchacha vuelve la cara hacia la voz y sus ojos se iluminan al ver a Derek, si bien inmediatamente frunce el ceño y sus labios se unen en una fina línea de preocupación. Ayleen gira la cara para evitar su mirada.

-¿Cómo está Natasha? –pregunta Derek al comprobar que ella no va a decir nada.
-Eres un gilipollas. 

Él está a punto de levantar la voz y darle una respuesta airada, pero se da cuenta de que por las mejillas de la chica caen sendas lágrimas, y que su labio inferior tiembla en un pobre intento de evitar echarse a llorar.

-Eh, eh –se agacha junto a ella y la rodea con los brazos, sin importarle que eso aumente el dolor que siente por todo el cuerpo.

Ayleen se deja abrazar y tras sorber por la nariz lo mira a los ojos.

-¿Crees que puedes hacerme esto? ¿Eh? –su voz suena furiosa y cansada a la vez- ¡No puedes! ¡No puedes mentirme e irte por ahí a pegarle a la gente! O a que te peguen a ti. ¿Es que no lo entiendes? 
-No debería haberte mentido. Pero no me arrepiento de lo que he hecho.
-Pero mírate –señala su ojo morado y su herida en la frente.
-Owen está peor que yo.
-¿Y eso cambia algo de lo que le ha pasado a tu hermana?
-No, pero te aseguro que ese cabrón no va a volver a hacerle daño.

La muchacha pelirroja se separa del abrazo de Derek y se limpia los ojos con el dorso de la mano. 

-Deberías ir a que te miraran eso. Y Natasha no debería verte así.
-Estoy seguro de que de todos modos sabe lo que ha pasado. Y quiero verla.

Ayleen se encoge de hombros y se pone en pie. Echa a andar al piso de arriba y Derek la sigue. Cuando llegan a la habitación, Ayleen ve a través del cristal a un hombre y una mujer de mediana edad al lado de Natasha. Inmediatamente se da cuenta de que son la pareja que vio antes cuando estaba abajo hablando con Connor. De modo que esos deben ser los padres de Derek.

-Mierda –murmura él entre dientes.
-Son tus padres, ¿verdad?
-Joder. Sí.

Derek farfulla una excusa y se marcha. Por supuesto, no quiere que sus padres le vean tal y como está. ¿Quién les habrá avisado? Importa poco, en realidad. A pesar de todo, Ayleen camina tras Derek. Sabe que a Natasha en es momento no le sirve de demasiado, y sin embargo la joven pelirroja necesita saber si el horrible aspecto de Derek es más o menos grave de lo que aparenta, y está segura de que él también.


II

Dos semanas más tarde, la piel de Derek ha perdido casi por completo el tono violáceo que tenía en algunas zonas, y su moreno habitual está volviendo a ser el de siempre. Afortunadamente no tenía ninguna costilla rota, pero se había llevado unos buenos golpes que estaban tardando en curar. La versión que ha contado a sus padres ha sido que estaba tan preocupado por Natasha y enfadado con lo que había pasado, que sin darse cuenta se había resbalado y se había caído bajando las escaleras. Es la versión oficial, pero nadie se la cree. 

En cualquier caso, Owen no ha aparecido por allí, ni ha dado señales de vida. Vivo tiene que estar, porque Derek le había dado una buena paliza, pero no tan buena como para matarlo. No obstante, no tiene sentido que hasta el momento hubiera ido a devolvérsela a Derek, porque seguramente a esas alturas todavía le duele moverse, además de que la superioridad de Derek había quedado bastante clara, independientemente de que contase o no con el factor sorpresa. Por otro lado, Derek sabe que Owen no se planteará denunciarlo. Ha surgido una especie de acuerdo tácito en que ni siquiera han necesitado hablar para comprenderlo. Ninguna de las dos partes dice nada, y Owen no tiene que pagar por el acoso a Natasha ni Derek por el ataque a Owen. Seguramente no sea lo correcto, pero la conciencia de Derek está más tranquila así que permitiendo que lo único que le pase a ese capullo sea que un juez le diga que ha sido un chico malo y que tiene que recapacitar. 

Al menos Natasha ha aceptado ir a ver a un psicólogo. No es gran cosa ni las sesiones son especialmente largas, pero toda la ayuda que se le pueda dar es poca, ahora que por fin ha admitido que la necesita. Claro que hay cosas que sólo el tiempo puede poner en su sitio.



III

Ayleen baja a la cafetería a por una botella de zumo de arándanos. Le han dicho que es bueno para concentrarse, y sin duda concentración es lo que más necesita en esos momentos. Lleva dos semanas en las que se siente incapaz de estudiar. Dos semanas desde lo que le pasó a Natasha, y dos semanas desde que Connor ha hecho voto de silencio y actúa casi como si ni siquiera conociese a Ayleen. Tal vez no sea sólo culpa de él, y ella también haya permitido que su relación se enfriase, pero tal vez simplemente fuese algo que tenía que pasar. Sea como fuere, Ayleen ya se había acostumbrado a estudiar con Connor a su lado, y ahora se ve incapaz de hacerlo sola. 

Con voz somnolienta pide el zumo al camarero, que sonríe, comprensivo, y se mete en la habitación que hay detrás de la barra para buscarlo. Cosas del destino –o no-, en ese momento en que la cafetería está completamente vacía, Connor atraviesa el umbral de la puerta. Mira a Ayleen con expresión dubitativa y casi parece que vaya a darse la vuelta y marcharse, pero se lo piensa dos veces y camina con paso decidido hasta la barra.

-Hola –murmura ella.
-Hola, Ayleen. 

Su nombre suena extrañamente familiar en los labios de él. La chica cruza las manos y jugueta con sus dedos, preguntándose si es que el camarero estará exprimiendo los arándanos uno por uno.

-Bueno, ¿qué haces aquí a estas horas? –pregunta él.
-Vengo a por zumo de arándanos.
-Ah, dicen que es bueno para estudiar.
-Eso parece.

La conversación es tan impersonal y extraña como la que dos desconocidos mantienen sobre el tiempo cuando coinciden en el ascensor. Ayleen siente ganas de darle un puñetazo a la barra y zarandear a Connor hasta que vuelva a tratarla como antes. Ya ni siquiera le importa que Connor dijera que Derek sólo está con ella porque quiere acostarse con ella. Sólo quiere que las cosas vuelvan a ser como antes, aunque eso es complicado teniendo en cuenta que Connor admitió que siente algo por Ayleen. Quizás sólo se comporte así porque está tratando de olvidar sus sentimientos, piensa Ayleen.

El camarero por fin aparece con el zumo de arándanos. La muchacha lo paga y se marcha de allí despidiéndose con un breve gesto. Ayleen mira varias veces hacia atrás de camino a su habitación, esperando que Connor aparezca de repente y arreglen las cosas. Pero eso no ocurre. 

Una para nada fructífera hora de estudio más tarde, se escuchan tres toques en la puerta de la habitación de Ayleen. La chica abre y se encuentra a Derek con los brazos cruzados y apoyado en el marco de la puerta. Sus labios dibujan una media sonrisa.

-Bonito pelo.
-¿Qué? Ah –Ayleen se da cuenta de que lleva un moño despeinado, uno de esos que se hace para estudiar, y sonrojándose, se suelta el pelo-. Esa frase me suena de algo, por cierto.
-¿De verdad? 

Derek frunce el ceño, pero Ayleen está convencida de que se acuerda de que fue lo primero que le dijo cuando se conocieron, aquel día en que él llamó también a su puerta y se autopresentó con descaro. 

-¿Cómo lo llevas? –él señala con la barbilla hacia el escritorio de ella.
-Mal –admite, con un suspiro-. No soy capaz de concentrarme.
-Quizás que sean las doce de la noche no ayuda mucho, pero no me hagas demasiado caso.
-Pero es que tengo mil cosas que estudiar, no me sé nada y…

Derek le pone la mano en la boca, haciéndola callar. Se miran a los ojos un momento, y Ayleen contiene la respiración. Siguen en la puerta cuando Derek arrastra su mano hasta la mejilla de ella, y recorre sus labios con el dedo pulgar. El cálido contacto con su piel hace que Ayleen se estremezca. Derek se inclina hacia delante, sus labios rozando el lóbulo de la oreja de ella. 

-Necesitas olvidarte de todo por un momento –susurra-. Relajarte.

Su voz es sexy, rematadamente sexy. Sus labios resbalan por el cuello de ella, depositando un beso tras otro. Derek cierra la puerta tras de sí al avanzar un par de pasos. Ayleen gira la cara, buscando los labios de él con su boca, y cuando por fin los encuentra, le besa como si nunca le hubiese besado. Verdaderamente logra olvidarse de los estudios, de Connor, y de sus dudas, consigue por algún motivo dejarse llevar, tal vez porque esa es la forma más sencilla de dejar ir la tensión acumulada. Introduce las manos bajo la camiseta de Derek y se empapa del calor de su espalda a la vez que él baja las manos hasta el trasero de ella y lo masajea, desde la base de la espalda hasta peligrosamente abajo. Sus respiraciones se convierten en jadeos agitados hasta que Derek se separa un poco y aparta el pelo de Ayleen de su cara. Clava sus ojos negros en ella y sonríe al ver su expresión contrariada.

-Quizás esa no sea la definición más adecuada de relajarse –comenta como si nada.
-Probablemente no –contesta Ayleen, todavía respirando con dificultad, y sin comprender por qué se ha detenido.
-Al menos espero que haya servido para que te olvides del mundo.
-Sin duda.
-Buenas noches, pelirroja. 

Tras darle un suave beso en la mejilla, sale de la habitación. Ayleen se queda un minuto de pie frente a la puerta, sin comprender bien lo que acaba de pasar. ¿Acaso Derek no quería seguir? Oh, vamos, eso es imposible tratándose de Derek. Lo único de lo que Ayleen está segura es de que, por si le faltaban motivos para no ser capaz de estudiar, ahora ya tiene uno más, y ahora sin duda le va a ser imposible concentrarse esta noche. 


[Espero que os haya gustado, y si leéis por favor comentad en blogger y por mención en twitter, muchas gracias por la paciencia que tenéis siempre conmigo, os quiero.]

martes, 16 de septiembre de 2014

TESTIGOS DE LA LUNA - Capítulo 25.

I

Derek deja que se agote la llamada y vuelve a intentarlo en cuanto lo hace. Va conduciendo unos kilómetros por encima del límite de velocidad y ni siquiera sabe por qué, si no va en ninguna dirección concreta. Quizás sea para liberar su frustración.

Por fin contestan al teléfono.

-¿Derek? ¿Pasa algo? 

Él asiente inconscientemente con la cabeza, satisfecho de que su amigo no sepa todavía lo que le ha pasado a Natasha.

-No -contesta-. Spike, necesito que me digas dónde está viviendo Owen desde que nos echaron de la residencia.
-¿Qué te hace pensar que yo lo sé?
-Sé que lo sabes.

Derek está completamente seguro de que si Owen se lo ha dicho a alguien sólo ha podido ser a Spike.

-Mira Derek, no estaría bien que te dijera dónde vive para que fueras a pegarle, ¿no crees? -su voz suena ansiosa- Y además, ¿por qué esa urgencia?
-Quiero hablar con él -responde Derek con la máxima tranquilidad que puede-. De verdad. 
-¿Por qué siempre me tenéis que poner en estas situaciones? -se lamenta su amigo.
-Por favor. 

Sin duda, Derek hace bien al no suplicar nunca las cosas, porque cualquiera que escucha salir de sus labios las palabras "por" y "favor" juntas, comprende que necesita algo desesperadamente y le resulta imposible negárselo. Así que dos minutos más tarde ya ha desconectado el móvil y ha girado violentamente el coche para ir a cazar a su presa a su madriguera.


II

"El teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura en este momento"

Ayleen lanza el móvil contra el desgastado sillón gris, que rebota y cae al suelo. La carcasa y la batería se separan de la pantalla, pero eso ya le importa bien poco.

Desesperada, rompe a llorar, y Axel le da unas palmaditas en la espalda que no la consuelan en absoluto.

-Estará bien -le dice él.
-No, no lo estará. ¡Owen se ha vuelto loco! En el mejor de los casos se llevará una paliza. Y si no, Owen podrá denunciarle. ¿Irá a la cárcel? 
-Verte así de nerviosa no ayuda a que Natasha se crea que su hermano ha ido a su piso a comer y ducharse -Axel señala disimuladamente al interior de la habitación.
-Pero...
-Mira, Derek sabe defenderse solo. Siempre hace estupideces pero siempre sale ileso de ellas. No te agobies.

Ayleen, con la respiración agitada, coge del suelo los restos de su móvil y baja con frustración por el ascensor. No tiene ni idea de adónde habrá ido a buscar a Owen -si es que es eso lo que ha ido a hacer-, y Axel no conoce la dirección de Owen mientras no está en la residencia. Se siente inútil y muy enfadada con Derek, pero la preocupación por alguien que te importa siempre es superior al enfado que te provoca que haya hecho alguna locura.

Casi sin ser consciente de adónde va, Ayleen se descubre a sí misma cara a cara con Connor. Su subconsciente es más inteligente que ella en ese momento y comprende que tiene que arreglar las cosas con él. Aunque por dentro sea un manojo de nervios al pensar en Derek.

-Hola -dice ella en voz casi inaudible.
-Hola -sus ojos azules la miran con tristeza.
-Connor, yo... -guarda silencio porque no sabe cómo seguir.
-No importa, Ayleen, en serio. Ahora mismo tu novio te necesita más que yo, así que vete con él.
-¡No somos novios! -exclama la joven, y se deja caer al lado de Connor en el asiento- No lo somos.
-Pero hay algo entre vosotros.
-Sí, eso parece.

Un hombre y una mujer de mediana edad pasan a su lado, elegantemente vestidos pero con el rostro desencajado. Ayleen suspira.

-Escucha, quería contártelo, de verdad que sí. Bueno, no quería porque tenía miedo de tu reacción, pero sabía que debía hacerlo -le mira, desesperada porque comprenda.
-O sea que te doy miedo.
-¡Por Dios, no! Por favor, no lo malinterpretes todo -Ayleen tira incesantemente del borde de su pantalón-. Tú no me das miedo. Me da miedo perderte.

La expresión de Connor se ablanda pero luego se torna melancólica, lo que lo hace todo incluso más difícil para Ayleen. El joven espera a que ella continúe hablando.

-Eres la persona que mejor me ha tratado desde que llegué a Chicago. No sé qué habría hecho sin ti, pero...
-Pero no es suficiente.
-Quizás no lo sea.

Connor suelta todo el aire de golpe, como si sus pulmones fueran un globo desinflándose.

-Lo que más me duele es que me mintieras. Ni siquiera estoy tan enamorado de ti.

Ayleen agacha la cabeza. Su amigo lo está pasando mal por su culpa, porque sabe que es culpable. 

-Lo siento –murmura.
-No lo sientas. Pero, la verdad, no lo esperaba de ti. Hace poco más de un mes que le conoces y ya… 

Su silencio elocuente no deja dudas de a qué se refiere. La chica pelirroja frunce el ceño, contrariada.

-¿Piensas que estaba en su piso porque nos habíamos acostado? –su voz suena como una acusación, aunque la insinuación de Connor no está tan lejos de lo que ha estado a punto de pasar entre Derek y ella.
-Bueno, eso es lo que hace Derek con las mujeres, por si no lo sabías.
-Disculpa, pero Derek ha cambiado –enfurecida, se levanta y mira a Connor con dureza.
-Ni siquiera sabes cómo era antes. ¿Cómo puedes saber que ha cambiado?
-¡Tú no sabes nada, Connor! –alza la voz.
-Lo que creo es que me lo has ocultado no para no perderme, sino para evitar que te aconsejara lo que tu subconsciente ya sabe: que es mejor alejarse de Derek. Pero ahora que lo sé, te lo diré igualmente. Él no va buscando una relación, sólo quiere a alguien con quien pasar un rato. Su interés en el sexo femenino es únicamente físico. 

Ayleen se da la vuelta y se marcha de allí sin contestar. Tampoco sabría qué decir, en realidad. Tal vez Connor tenga razón y no se lo haya dicho por eso. Pero se niega a creer que Derek sólo la vea como una chica más con la que acostarse, no cuando le ha enseñado esa parte tan secreta de él: su arte. 

Se obliga a calmarse en mitad de las escaleras, pero su cuerpo no es capaz de albergar tantas emociones, y acaba por romper a llorar como una niña de cinco años que no tiene a nadie que la consuele.


III

Derek se apoya en la pared en la que se encuentra la puerta de la casa de Owen. Según Natasha, logró escapar cuando el grupo de estudiantes fue a socorrerla al escuchar sus gritos, y Derek está seguro de que se ha escondido en su casa como una rata cobarde. Pero también sabe que no tardará mucho en salir de allí, porque si la policía fuera en su busca, sería en el primer sitio en que mirarían. Sólo espera que aún no se haya marchado, y está dispuesto a quedarse allí el tiempo que haga falta hasta que salga. Podría tocar a la puerta, claro, pero Derek duda que Owen abriese. 

Así que el joven de pelo revuelto y ojos atormentados se pasa casi tres cuartos de hora sintiéndose culpable por no haberle dicho la verdad a Ayleen. A esas alturas ya debe haberse dado cuenta de que no ha ido a la cafetería, y resiste la tentación de encender el móvil, porque no quiere ver si le ha llamado, y no quiere colgar deliberadamente en caso de que le llamase ahora. 

Por fin se escucha el ruido de unas llaves. Derek se incorpora y nota todos sus músculos tensarse. La puerta se abre, y sin pensárselo dos veces Derek se tira hasta Owen, haciendo que ambos entren en la casa. Éste último llevaba una bolsa al hombro que ha caído al suelo con un ruido sordo. Aturdido, tarda en reaccionar, y Derek comienza a pegarle. Owen se revuelve, maldice y responde a los golpes, pero Derek es ligeramente superior en fuerza y el factor sorpresa es determinante. Ni siquiera es consciente de lo que hace, pero le pega una y otra vez hasta que Owen está en el suelo, como un saco de boxeo que gime de vez en cuando. Derek le grita, entre otras cosas, que como lo vuelva a ver en Chicago lo matará, y sale del piso cerrando la puerta tras de sí.

El subidón de adrenalina casi ha desaparecido para cuando entra en el coche, y poco a poco va siendo consciente de sus nudillos despellejados, de sus manos manchadas de sangre –tanto de la de Owen como de la de él-, y de un fuerte dolor en el costado izquierdo. Owen le ha golpeado con fuerza, y es posible que tenga alguna costilla fracturada. Su respiración, al principio agitada por la ira, se convierte en bocanadas ahogadas de frustración y rabia, y tras darle un golpe al volante rompe a llorar como hacía años que no lloraba. Nota las lágrimas resbalar por su cara y mojar su ropa, pero no le importa. Se imagina a Natasha maltratada por ese cabrón día tras día, y un llanto aún más desesperado se apodera de él. Se siente miserable, por no haber podido evitarlo y por lo que acaba de hacer.

Sin ser consciente de lo que hace, conduce hasta su piso, se ducha y mete su ropa manchada en la lavadora. El dolor en el costado es cada vez mayor, y mientras se está poniendo una camiseta limpia, siente un pinchazo, la vista se le nubla, deja de sentir su cuerpo y todo a su alrededor se vuelve negro.


[¿Qué opináis de lo que ha hecho Derek? ¿Y qué le habrá pasado? Chanchanchááán. Espero vuestros comentarios en blogger y en menciones en twitter, si es posible. Gracias por leer e intentaré subir pronto]

sábado, 13 de septiembre de 2014

TESTIGOS DE LA LUNA - Capítulo 24.

I

Axel corre por la entrada hasta el mostrador del hospital, donde pregunta por Natasha Harris con la respiración entrecortada. El hombre que le atiende está sin duda acostumbrado a ese tipo de situaciones, porque no se altera y teclea algo en su ordenador, sin prisa pero sin parsimonia. Lo que se suele llamar, con eficiencia. En cuanto le informa de la planta y la habitación, Axel sale disparado para allá sin siquiera dar las gracias. No cabe duda de que el recepcionista también está habituado a ello. 

El joven decide que el ascensor será demasiado lento, por lo que sube los escalones de dos en dos. Al llegar al lugar que le han indicado, descubre que no es ni mucho menos el primero en aparecer. Ayleen y Connor están fuera de la habitación, en medio de lo que casi da la sensación de una discusión, y Axel ve a Derek sentado en el borde de la cama de su hermana, con sus manos entre las de él.

-… pero no esperaba que estuvierais juntos en ese momento –dice Connor, exaltado.
-¡No entiendo por qué te pones así! ¿Me llamas para que avise a Derek y ahora te molesta…?

Él la interrumpe.

-Te he llamado porque estaba seguro de que tenías su número y Natasha no quería dármelo, no porque tuviera asumido que estaríais por ahí en horario de clase.
-Connor, no eres mi padre así que no intentes darme lecciones–Ayleen se cruza de brazos.

Axel carraspea, pues es evidente que no han notado su presencia. Inmediatamente, los dos chicos se vuelven hacia él y lo miran muy erguidos, en una posición bastante poco natural. 

-¿Me explica alguien qué ha pasado?

Ayleen y Connor se miran con el ceño fruncido.

-Entre vosotros no, con Natasha –Axel pone los ojos en blanco y la pareja suspira al unísono-. Ella me ha mandado un mensaje pidiéndome que viniera. 
-¿Ella te ha avisado? –pregunta Ayleen con incredulidad.
-Sí.

El muchacho rubio alza las cejas.

-¿Pero se puede saber qué pasa? 
-Ha sido Owen -se limita a contestar Connor, como si ya con eso fuese evidente lo que ha pasado.
-Intentó... violarla -añade Ayleen en voz baja.
-¡No! -no es capaz de creer que realmente Owen haya llegado a tanto.
-Sí -Connor asiente con la cabeza para reforzar sus palabras.

Axel se sienta en una de las sillas color gris de tela desgastada e intenta asimilar lo que le cuentan entre los dos. Owen había esperado a que todos entraran a clase y se había llevado a Natasha a un lugar apartado. Afortunadamente, ella gritó en un momento de descuido de su agresor y un grupo de rezagados que llegaba tarde a la universidad evitó que Owen consiguiera lo que se proponía. 

No obstante, cuando Axel entra a la habitación, Natasha yace con los ojos rojos y entrecerrados y la cara y los brazos llenos de morados. Un arañazo le surca el cuello y se pierde bajo la bata blanca de enferma que le han puesto. El joven prefiere no pensar que heridas puede haber bajo la ropa, y peor aún, más adentro todavía, en su mente. El único signo de alteración que hay en Derek es su mandíbula tan apretada que Axel duda que pueda siquiera hablar. Se comporta con entereza por su hermana, sin duda, y porque Derek no es la clase de persona que exterioriza su dolor ni da jamás muestras de debilidad. Lo cual no significa que no sufra, y Axel sabe muy bien que para Derek cualquier daño causado a Natasha es infinitamente peor que algo que le hagan a él.

Derek se pone en pie y saluda a su amigo con un gesto con la cabeza. Va a salir de la habitación cuando Axel le agarra del brazo. Habla en voz baja para que Natasha no pueda oírle.

-No hagas ninguna tontería, Derek -lo mira a los ojos y ve la furia en ellos-. Quédate aquí. ¿Me entiendes?

Él vacila un instante. Lo suficiente para que Axel sepa que sus miedos no son infundados.

-La policía irá a por él, no tú. Derek, mírame. Ella se sentirá culpable si te metes en problemas por esto. Prométeme que te vas a quedar aquí.

Derek asiente con la cabeza y Axel no le quita los ojos de encima hasta que lo ve sentarse en una silla gris de fuera. Observa como Ayleen va hasta él y Connor desaparece por las escaleras. 

Finalmente, posa sus ojos en Natasha.

-Hola -dice en voz no muy alta.
-Hola -una tenue sonrisa surca el rostro de ella.
-¿Cómo te encuentras? 
-Como una gran mierda -cierra los ojos un instante.
-Lo siento.
-¿Recibiste mi mensaje? 
-Claro -la toma de la mano y Natasha aprieta con una fuerza que Axel no esperaba-. He venido en cuanto me ha llegado, pero ya sabes, la facultad no queda demasiado cerca del hospital.

Natasha asiente, dando a entender que lo comprende.

-Ya estoy mejor -asegura en un susurro-. Pero me duele todo y me han puesto esta cosa para quitarme el dolor -señala con la cabeza una vía de plástico que se introduce en su antebrazo-. Y ahora me muero de sueño. Y lo que más me duele está aquí -se señala el corazón- y este bicho no puede curar eso.

Inmediatamente entonces cierra los ojos y su respiración comienza a adquirir un ritmo regular, como ocurre cuando alguien se queda dormido. Sin duda los medicamentos han hecho un rápido efecto, y deben ser bastante fuertes porque Natasha hablaba con voz pesada y pastosa, y de repente se ha abandonado al sueño.


II

Ayleen se sienta al lado de Derek en uno de los sillones que hay junto a la puerta. El joven moreno parece una estatua, completamente quieto y con las facciones de su rostro más pronunciadas que nunca debido a la tensión. Sólo mirando a sus ojos negros se puede entrever el dolor que siente. 

La pelirroja le toma de la mano, pero él no responde al contacto.

-Derek, di algo –suplica ella.

Él la mira. Luego alza la cabeza hasta el techo y parpadea varias veces. Quizás teme ponerse a llorar como pronuncie tan solo una palabra. Quizás no sabe qué decir porque en ocasiones nada de lo que digas te hará sentir mejor. 

-Sé que estás preocupado por ella, pero se ha librado de algo mucho peor. Sólo alguien fuerte puede superar esto, y Natasha es la chica más fuerte que conozco. En eso te pareces a ella –Ayleen habla con voz dulce.
-Está loco –murmura después de un breve silencio-. Está completamente loco. 
-Le denunciaremos por agresión. Hay testigos. No pienses en eso ahora…

Derek gira la cara para mirar a la habitación donde se encuentra su hermana. Axel está junto a ella, acariciándole suavemente la mano. Parece dormida. Derek se pone en pie y Ayleen le imita. 

-No, no, quédate aquí –le pone una mano sobre el hombro a la chica.
-¿Adónde vas?
-A comer algo –suspira.
-Voy contigo.
-No hace falta, pelirroja –esboza una débil sonrisa que hace una grotesca mueca en su cara contraída por el dolor; a pesar de ello sigue siendo guapo.
-Pero…
-Quizás deberías hablar con Ackland, ¿no? Parecía cabreado cuando he salido de la habitación.
-Bueno, no esperaba que cuando me ha llamado estuviéramos juntos. Natasha no quería avisarte para que no te preocuparas, Connor no tiene tu número… y estaba seguro de que yo sí lo tenía. Pero eso da igual ahora, Derek.
-¿Intentas que no se entere de que hay algo entre nosotros pero le dices que estábamos juntos cuando ha llamado? Algo falla ahí dentro –le coloca un dedo sobre la sien.
-Ahora mismo no tengo mis facultades al cien por cien, lo reconozco –Ayleen se lleva dos dedos al puente de la nariz y lo masajea, cansada.
-Pues tendrías que hablar con él y explicárselo todo de una vez.
-Ni siquiera sé qué es exactamente ese todo.
-Claro que lo sabes.

Derek le da un suave beso en la frente y se marcha a paso ligero por las escaleras. Por un momento, se ha comportado como si no hubiera pasado nada, pero al irse Ayleen ha visto que sus hombros volvían a tensarse y cerraba los puños con fuerza.

La joven se vuelve a dejar caer en el asiento. Es como si las cosas a su alrededor estuvieran dejando de tener sentido, y todo se desmoronara. Por mucho que Derek diga que sí sabe lo que hay entre ellos, no es así, y hasta que él no le confirme que hay una relación no va a pensarlo, porque la idea de Derek como un amante de las mujeres ronda en su cabeza como un ave de carroña. Por si fuera poco, ahora Connor parece odiarla, y no le faltaría razón. No es que ellos sean nada, pero tal vez Ayleen le ha estado dando falsas esperanzas, y además una vez Connor le preguntó directamente si había algo entre ellos y ella le prometió que no. Y, lo peor de todo, tiene a una de sus mejores nuevas amigas en una habitación de hospital porque su ex novio acaba de intentar violarla. Definitivamente, el mundo es un desastre. Sólo encuentra algo de belleza en él cuando mira a través del cristal de la habitación y ve a Axel inclinarse sobre una dormida Natasha y darle un corto y tierno beso en los labios. Ayleen sonríe. 

Después de un rato con la mente en blanco, y de otro con muchas preocupaciones cruzándole la mente como relámpagos en la noche, mira el reloj y se da cuenta de que ha pasado mucho tiempo desde que Derek se fue. Tras comprobar que Axel sigue allí cuidando de Natasha, baja a la cafetería en busca de Derek. En su camino, ve a Connor sentado en uno de los bancos de la entrada, que no se da cuenta de la presencia de ella. No obstante, Derek no está en la cafería. Ni cerca de ninguna de las máquinas expendedoras de comida. Lo busca frenéticamente por todas partes, incluso se asoma a los aseos de hombres y pronuncia su nombre en voz alta. No recibe ninguna respuesta. 

Ayleen saca su móvil y lo llama. Una vocecita irritante le comunica que el teléfono se encuentra ocupado en ese momento. Derek está hablando por teléfono con alguien. Con creciente preocupación, Ayleen llega a la conclusión de que Derek le ha mentido, y se siente estúpida por haberse creído que el joven tenía hambre cuando casi ni siquiera era capaz de hablar. ¿Con quién estará hablando por teléfono? Inquieta, sube las escaleras para decirle a Axel que cree que Derek ha decidido ir a tomarse la justicia por su propia mano. 


[Como le gusta el peligro a Derek, ¿eh? Y Axel asdjhabsdhgavsd. Ahí lo dejo. En fin, espero que me comentéis qué os ha parecido el capítulo en el blog y a ser posible también en menciones por twitter, muchas gracias por leer]

jueves, 4 de septiembre de 2014

TESTIGOS DE LA LUNA - Capítulo 23.

I

Si la realidad fuera una película, Natasha habría sentido la presencia de Owen detrás de ella, y algo que todavía los unía misteriosamente la habría hecho girarse sabiendo con exactitud lo que éste quería. Pero la realidad es diferente, y Natasha no ha sido consciente de que Owen la seguía hasta que él ha pronunciado su nombre en voz alta. Sorprendida y algo asustada, la chica se queda paralizada y es Owen el que camina para ponerse en su campo de visión.

-Hola –dice él con tranquilidad.
-Hola –Natasha intenta no fruncir el ceño ni hacer ningún gesto que pueda contrariarle.

Mientras tanto, la gente pasa a ambos lados, dirigiéndose a clase y apartándose del camino de la pareja como el agua de un río lo hace con una piedra.

-¿Me echas de menos? –pregunta Owen directamente, y su voz suena casi dulce.

Natasha lo piensa durante un segundo antes de contestar.

-Ya te echaba de menos cuando todavía estabas en la residencia.
-No comprendo…
-Owen, tú… te fuiste hace mucho tiempo. Ahora te miro y no te veo a ti, sino a un extraño. No sé qué te ha pasado, pero hace semanas que dejaste de ser el Owen del que me enamoré.

Las palabras salen atropelladas de sus labios, y a pesar de saber que quizás no deba haberlo dicho, no consigue evitarlo.

-No he cambiado, sigo siendo yo… y te quiero –susurra el joven, y por un momento Natasha cree vislumbrar en él al chico que era antes.
-No se le hace daño a alguien a quien se quiere.

El rostro de Owen cambia totalmente. Sus ojos se vuelven fríos, sus labios se contraen y su ceño se frunce de tal modo que parece que sus cejas vayan a tocarse. Cierra las manos en puños y Natasha consigue no echar a correr porque todavía hay gente pasando a su lado y está convencida de que Owen no será capaz de lastimarla delante de ellos.

-Owen –se arma de valor- no quiero volver a verte.

La sorpresa se refleja en la expresión del joven que tanto daño le ha hecho. Cuando consigue encajar el golpe, se acerca un paso a Natasha y su respiración es tan agitada que parece que vaya a ponerse a gritar. Pero no lo hace.

-Ya entiendo de qué va todo esto –escupe cada palabra-. Ahora estás con otro y por eso ya no me quieres a mí.
-¿Qué…? ¡No! –contempla asustada como ya no queda casi nadie pasando a su lado, y todos pasan de largo creyendo que será alguna acalorada pero típica discusión de pareja- Escucha, tengo que irme a clase.
-No, no, no –la agarra de la muñeca con fuerza-. No. No puedes mentirme. Te he visto. ¡Joder, que ahora te follas a Axel! ¿Es que vas a ir tirándote a todos los amigos de tu hermano o qué? 

Natasha lo contempla con los ojos desencajados, sin querer creer lo que acaba de escuchar. Tarda demasiado en reaccionar y para cuando lucha por soltar su muñeca, Owen ya la ha agarrado por la cintura y le impide moverse.

-¿Quieres saber lo que eres? –grita, pues ya no queda nadie que le escuche- ¡Eres una puta!

Le propina una bofetada y cuando logra recomponerse, Natasha le escupe en la cara como única forma de defenderse, como la única manera que encuentra de expresar su frustración y su rechazo. Él es mucho más fuerte y la tiene sujeta de un brazo y del torso, y por mucho que forcejea con la otra mano no logra escapar.

-¡Owen, suéltame! –grita, y él le abofetea la otra mejilla.
-Es conmigo con quien tienes que estar –masculla entre dientes.

Owen la arrastra por el camino de entrada a la facultad hasta que llegan a un pequeño recoveco oculto gracias a unos árboles. Sin duda muchas parejas han debido usar ese sitio para robarse algunos besos sin ser vistos. El joven pone con ímpetu a Natasha de cara a la pared, sin dejar de sujetarla, y ésta intenta darle patadas al tiempo que grita, lo que Owen soluciona tapándole la boca con una mano. Se pega contra ella, de modo que su propio cuerpo sirve para sujetarla contra la pared, e introduce la mano que tiene libre en el interior de la camiseta de Natasha, apretando con fuerza uno de sus pechos. Llegados a ese punto, le importa poco que grite porque sabe que todos deben estar en clase así que usa la mano que antes estaba en su boca –y que se ha llevado varios mordiscos- para bajar el pantalón de Natasha y hacer lo propio con el suyo. Owen siempre acaba consiguiendo lo que quiere, y Natasha tiene que empezar a darse cuenta de ello.



II

Después de un poco menos de media hora de trayecto en el viejo Ferrari rojo de Derek, el joven aparca el vehículo en una zona claramente residencial e indica a Ayleen que es momento de bajarse.

-Me ha parecido simpática tu amiga la de la cafetería –comenta él cerrando el coche.
-¿Elyse? Sin duda tú también le has caído bien –responde Ayleen en tono jocoso.
-Ya sabes lo difícil que es resistirse a mis encantos.
-¿Adónde vamos? –pregunta ella tras una breve pausa- Porque este no parece el típico sitio por el que tú debes moverte.
-No solamente voy a antros de mala muerte, querida –emplea un refinado tono británico en la última palabra que arranca una carcajada a Ayleen.

La pareja camina hasta una bonita zona ajardinada y se paran delante del portal de un edificio. Derek saca un llavero de su bolsillo y abre la puerta con total naturalidad, al igual que hace cuando llegan al cuarto piso. Se hace a un lado para que la joven pase, pero ella se queda donde está, con la boca entreabierta y su mano cogida a la de Derek.

-¿Así que aquí es donde vives ahora?
-¿Por qué no entras y lo compruebas? –reitera su gesto de bienvenida.

El cerebro de Ayleen procesa a toda velocidad. Derek quería enseñarle algo importante, y acaba de llevarla a un piso. ¿Qué puede tener eso de extraordinario? Seguramente sólo la habrá llevado allí porque hay una cama. Sin embargo, se obliga a entrar, y lo que descubre le demuestra que tiene que empezar a confiar más en el chico de piel bronceada.

El piso es, simple y llanamente, un estudio. Una gran estancia repleta de estanterías, con varias mesas y un par de sillones. Está considerablemente desordenado. Hay folios, trozos de cartón, pósters, pinceles, lápices y rotuladores por todo el suelo. Incluso una figura de arcilla sin terminar descansa sobre una de las mesas, aparentemente abandonada. Sin darse cuenta, Ayleen empieza a caminar entre las cosas, y descubre que al fondo del estudio, a la derecha, hay un pasillo.

-Lleva al dormitorio, al cuarto de baño y a la cocina –comenta Derek al seguir la mirada de ella, aunque Ayleen no le ha preguntado.

Da un último vistazo a su alrededor y luego se centra en Derek, que permanece de pie junto a la puerta cerrada.

-¿Lo has alquilado? –parece lo más lógico.

No obstante, él niega con la cabeza.

-¿Éste sitio es tuyo? ¿Qué…?

Ayleen está demasiado confundida para hablar. Le habría resultado mucho más fácil creérselo si no hubiera cientos de cuadros y dibujos por todas partes.

-Bueno, es de mis padres, en realidad.
-O sea, que eso… -señala el artístico caos que la rodea.
-No, no –parece que le cueste hablar, casi como si se avergonzara de ello-. Eso es mío.
-No sé si lo entiendo.
-Vale, espera… ¿quieres algo de beber?
-¿Agua?

Derek asiente con la cabeza. Desaparece por el pasillo y unos minutos después vuelve con un vaso de agua en una mano y un botellín abierto de cerveza en la otra. Se sientan en uno de los sofás y él le explica lo que cree que ella querrá saber. Natasha siempre había querido irse a una residencia para estudiantes así que cumplió su deseo, y sus padres lo enviaron con ella para que cuidara de su melliza. A cambio, compraron ese piso para que él lo usara como estudio, y aunque Derek lo omite, también le ha servido en muchas ocasiones como sitio donde llevar a las chicas

-¿Y para qué quieres tú un estudio? –Ayleen sabe que su pregunta es estúpida, pero sigue sin ser capaz de asociar esas creaciones al Derek que ella conoce.
-Querías saber qué estoy estudiando, ¿no? –bebe un largo trago de su cerveza- Pues aquí lo tienes. Bellas Artes.

La pelirroja parpadea.

-Este año aún no he… digamos que no he ido mucho a clase, y no soy buen estudiante, en absoluto, pero…

Ayleen sigue sin dar crédito a sus oídos y a sus ojos.

-En fin, te acabo de enseñar algo muy personal, espero que lo valores porque ya sabes que yo no soy muy de hacer estas cosas.
-Es que es tan…
-Chocante. Lo sé.
-¡Sí! –sacude la cabeza- No…
-… me pega. Ya me lo han dicho.
-Guau.

Derek frunce los labios y asiente lentamente con la cabeza. Cada vez que ha lleva a chicas allí les cuenta la misma historia: que el piso es de una tía francesa que pasa temporadas en Chicago pintando para su galería. No es que el arte le quite masculinidad, ni que lo que pinta sean dibujos de delicadas florecillas, pero no le gusta enseñar sus dibujos a nadie porque le hace sentirse expuesto, y débil. Pero ahora, por primera vez, ha dicho la verdad. El joven mira a Ayleen como esperando su aprobación. Ella se levanta indecisa del sofá y observa las pinturas ahora con mucha más atención.

La mayoría son a lápiz o a rotulador negro, pero hay algunas con tantos colores que ellas solas iluminan la habitación. Abundan los dibujos de mujeres desnudas –aunque todas tienen una mancha gris difuminada por rostro-, los nudos celtas, las formas afiladas y los paisajes montañosos. Además de eso, hay cuadros con manchas de colores sin sentido aparente y bocetos de cualquier cosa –incluido del viejo coche rojo de su abuelo-. Se para frente a una de las estanterías y coge un cuaderno de tapas marrones. Inmediatamente, cae al suelo un dibujo hecho en papel grueso, en el que se ve el final de una barbilla y todo un cuello femenino adornado por un sencillo colgante plateado. El dibujo incluye el principio del escote de dicha chica, y Ayleen no puede evitar fijarse en que al lado de la barbilla cuelga un fino mechón de pelo de color cobrizo. Quizás sea coincidencia.

Derek la mira, pensando una y otra vez que ha sido una mala idea llevarla allí. Cambiará el concepto que tiene de él, sin duda, pero no sabe si es algo bueno o malo. Mientras tanto, ella pasa un dedo distraídamente por uno de los diseños del cuaderno que ha encontrado.

-Éste… -murmura, y luego se vuelve hacia Derek- Quítate la camiseta –le ordena.
-Directa al grano, sí señor –sonríe y se la quita.
-No es por lo que piensas, tus pantalones se quedan donde están.

Ocultando una sonrisa, Ayleen camina hasta Derek y observa sus hombros. En efecto, ahí está. El tatuaje que vio la primera vez que se besaron es exactamente igual que el dibujo que tiene entre sus manos. Mira los demás tatuajes de su espalda y su torso y comprueba que todos se corresponden a sus dibujos.

-Menuda caja de sorpresas –pasa las páginas del cuaderno hasta la última que no está en blanco; ha conseguido unir una luna con algo parecido a unas runas, pero no parece estar terminado.
-Ése es el próximo.
-¿Dónde te lo vas a hacer?
-Aunque parezca mentira, es lo que más me cuesta decidir.

Ayleen deja el cuaderno en el sofá y pasa un dedo por el hombro de Derek, siguiendo las líneas de la tinta negra. El cuerpo del joven se tensa y la pelirroja sonríe, sintiéndose extremadamente poderosa. Baja su dedo por el pecho de él y lo coloca donde nota su corazón latir con más fuerza.

-Así que ahí dentro –da un leve golpecito- hay algo más que prepotencia y amor propio, ¿eh?
-Eso lo dices porque no has visto los autorretratos en los que me represento como un dios griego –contesta Derek con voz ronca.

La chica ríe y le da un corto beso en los labios. Realmente parece un dios griego, con el torso musculado y bronceado, pero no piensa admitirlo. Derek posa sus manos en la cintura de ella y las sube por sus costados, hasta que llegan a la base de sus pechos. Se para ahí y durante un momento se miran a los ojos. Ayleen enreda sus dedos en el pelo de él y le besa, ahora de forma más prolongada, buscando con su lengua los labios de él, y deja que Derek la toque por primera vez. Se dejan caer en el sofá, ella sentada en las piernas de él, con las rodillas apoyadas en el cojín. Derek le quita la camiseta y ella jadea, acariciando su espalda y pegándose contra el joven. Él le acaricia el pecho por encima del sujetador y busca con avidez la boca de ella. Sus dedos están intentando colarse por el borde del pantalón de Ayleen cuando suena un teléfono.

Los dos se sobresaltan y en el bolsillo de la pelirroja algo vibra, pero ambos hacen caso omiso y siguen besándose. En cuanto la primera llamada se agota, el móvil suena de nuevo. Ayleen saca el móvil con fastidio, y Derek consigue ver que se trata de Connor. Gira el rostro, contrariado, pero ella se levanta y contesta a pesar de todo.

-¿Qué…?

La interrumpen al otro lado del teléfono. Durante unos cuatro minutos, Ayleen tiene el aparato pegado a su oreja y escucha un torrente de palabras que a Derek sólo le llegan como un pequeño ruido de fondo.

-Ahora mismo –dice ella justo antes de colgar.

Ayleen coge su camiseta y se la pone a toda prisa.

-Tenemos que irnos –dice apresuradamente-. Natasha está en el hospital.

[OMG. Bueno, espero que me dejéis en los comentarios lo que pensáis que ha pasado con Natasha y lo que os parece este descubrimiento sobre la vida de Derek. Gracias por leer, de verdad]

viernes, 22 de agosto de 2014

TESTIGOS DE LA LUNA - Capítulo 22.

I

Hayley está preparando su bolsa para ir a clase mientras Mark la espera apoyado en la puerta. Unos días atrás se cambió el tinte y ahora las puntas de su pelo son rojas, pero la paciencia con la que escucha a su amiga no ha cambiado en absoluto.

-Estaban ahí, liándose. Los vi con mis propios ojos, estos de aquí -se gira para mirar a Marcus y se señala los ojos-. Y Derek encima tiene prohibido entrar en la residencia.
-Era evidente -se limita a decir él.
-Ya, pero -mete con energía un libro de economía en su bolso- Connor no lo sabe.
-Connor no quiere saberlo. A veces, el cerebro almacena información que...
-No me hace falta saber todo eso -Hayley hace una mueca de contrariedad-. Sólo quiero saber si debo decírselo a Connor o no.
-Lo estás poniendo todo como si Connor y Ayleen fueran pareja y ella le estuviera siendo infiel.

La chica menuda y de voz aguda se queda mirando a Mark como si fuera la primera vez que lo viera.

-Todo el mundo cree que lo son -coge sus cosas y sale de la habitación.
-Excepto ellos -Marcus cierra la puerta y sigue a Hayley con resignación.
-¿De verdad crees que Connor no piensa que entre ellos hay algo más que una simple amistad? -su tono es más sarcástico que curioso.
-Creo que Connor es más consciente de la situación de lo que tú crees -él se encoge de hombros.
-¿Entonces me estás diciendo que no se lo diga porque ya lo sabe o que se lo diga precisamente por el mismo motivo?

Tras un prolongado suspiro, Mark se pone a su altura y la hace parar de andar.

-¿Quieres saber qué pienso?

Hayley asiente con la cabeza.

-Creo que tienes celos de Ayleen, porque ella ha llegado mucho después que tú y aun así Connor ya la ha puesto en su zona VIP, mientras que tú te has quedado en la business.
-¿Eres psicólogo o azafata? Porque menuda comparación aérea -bufa Hayley-. Pero no estoy celosa.
-Ya.
-¡Es cierto! Lo que estoy es cansada de ver cómo Connor siempre acaba con el corazón hecho pedazos, y sólo le resultamos importantes cuando tenemos que recoger los trocitos y pagarlos con pegamento fuerte.
-No será tan fuerte cuando siempre se lo vuelven a romper -bromea Marcus, pero Hayley permanece seria.
-No sé qué hacer -su cara revela auténtica preocupación.
-Entonces no hagas nada.
-¡Pero eso ya implica hacer algo! Tomar una decisión, quiero decir... Y no sé si lo correcto es...
-Hayley -el chico le pone las manos sobre los hombros-, tienes tiempo para pensarlo cuando te aburras en clase de Derecho Romano. Ahora vamos o llegaremos tarde.

Con un suspiro, y sin las ideas claras, la joven camina hacia la universidad, más confusa tras la charla con Mark que antes de ella. "Sin duda, algunos psicólogos te hacen acabar con más problemas de los que tenías al principio".


II

Después de desayunar y coger sus cosas, Natasha sale de la residencia acompañada por Axel. En esta semana en que Owen y Derek ya han estado fuera, han tomado la costumbre de ir juntos a la universidad, pues todo el campus de letras forma un único y enorme complejo en el que tienen cabida tanto la facultad de derecho como la de filología inglesa. Como cada mañana, cogen el autobús y se sientan el uno al lado del otro, sin hablar demasiado pero sin caer tampoco en silencios incómodos.

-Ayer Derek vino a verme -dice Natasha tras varios minutos.
-Lo sé -él asiente con la cabeza.
-Parecía inquieto -da la sensación de que la joven se lo haya dicho a sí misma.

Axel la mira, a la espera de más información.

-Me preguntó si quiero a Owen y si voy a seguir con él -se retuerce las manos con nerviosismo, revelando una fragilidad que pocos conocen.
-¿Y qué dijiste?
-Que sí a lo primero. No a lo segundo -se queda quieta como una estatua y luego suspira-. Pero creo que cuando le vea otra vez no estaré tan segura.
-¿A Derek?
-A Owen.

Axel asiente con la cabeza. No puede saber cómo se siente Natasha con todo lo que está pasando, y es cierto que nunca ha estado enamorado pero sí sabe que no puedes dejar de depender de una persona sólo porque te haya hecho daño. Los sentimientos son algo mucho más complejo que todo eso. Si no lo fueran, por ejemplo, no habría tantas mujeres maltratadas que guardan silencio y siguen queriendo a sus parejas. O a lo que éstos fueron tiempo atrás.

Ninguno de los dos dice nada en lo que queda de trayecto, y su silencio sólo se ve interrumpido por el tenue pitido que indica las paradas del autobús. Cuando toca la suya, se bajan sin prisa y se despiden para dirigirse a sus respectivos edificios. 

En cuanto la pareja se separa, un Owen con cara de pocos amigos comienza a seguir a Natasha, para nada conforme con que ella acabe de bajarse del autobús con otro tío -que para colmo es un supuesto amigo de Owen-, y dispuesto a hacerle ver que es con él y con nadie más con quien Natasha debe estar.


III

Connor camina silencioso al lado de Hayley, por el pasillo que lleva a su primera clase de la mañana. Sabe que algo va mal y nadie parece dispuesto a decirle qué es. Ayer por la noche, después de la cena, Ayleen desapareció de repente, aunque han vuelto a verla en el desayuno y por tanto no le ha pasado nada grave. Sin embargo, Hayley no ha pronunciado ni una sola palabra en toda la mañana -lo cual es muy, muy extraño en ella-, y no ha sido capaz de mirar a Connor a los ojos cuando éste le ha preguntado si estaba bien. Bueno, ni en ese momento, ni en ningún otro.

De alguna forma, piensa que esos dos acontecimientos están relacionados, pero le sorprende que nadie haya querido explicarle el por qué.

Lo que todos ellos no saben es que Connor no es tonto, y aunque parezca que no, se percata de las cosas. Hace tiempo que admitió que Ayleen le gusta, aunque no está enamorado de ella probablemente porque es evidente que no le corresponde. Connor sabe que Derek está por ahí, flotando alrededor de la pelirroja como un buitre hambriento que espera a que su objetivo se rinda y caiga. O quizás fuera mejor compararlo con un león en celo. El caso es que sabe que entre esos dos pasa algo que Ayleen no le ha contado, y también sabe que no puede competir con Derek. 'Bah, las chicas se pasan la vida diciendo que quieren un hombre cariñoso que las quiera, y cuando se lo das, van y lo meten en la bolsa titulada "amigos", y acaban buscándose a un chico malo que preferentemente supere el límite de velocidad cada vez que conduce y para el que sólo son una más en su larga lista de aventuras. Y luego van a aquel que está destinado a ser sólo amigo a llorarle cuando su chico malo las deja. Irónico.'

Con esos pensamientos entra en clase, y al sentarse en su sitio se da cuenta de que Natasha no está en su asiento habitual, unas filas más adelante que el de Connor. Mira a su alrededor por si ha cambiado de sitio y descubre que la chica de pelo negro no está en la sala. Qué extraño. Aunque tal vez llegue tarde. Sin embargo, la profesora entra en la clase y comienza su explicación y Natasha no ha aparecido. Quizás haya tenido un mal día, no se la ve muy bien desde lo que pasó con Owen… quizás.


IV

Ayleen camina por el pasillo acompañada de Elyse, una de las pocas amigas que considera que tiene en la universidad. Entre unas cosas y otras, la pelirroja ha descuidado mucho sus relaciones sociales fuera de la residencia, y lo cierto es que todavía no tiene un grupo de amigos. 

Elyse y ella se dirigen a la cafetería, pues tienen media hora de descanso hasta la siguiente clase para poder tomarse algo que les haga recuperar fuerzas. Una clase de bioquímica justo después de una de bioestadística acaba con cualquiera. 

Las chicas cogen sendos sándwiches vegetales de la barra, los pagan y se sientan en una mesita redonda alejada de donde están ahora la mayoría de los estudiantes. 

-Ya me queda menos para comprarme la moto. A mi madre le va a dar un infarto y mi padre se va a poner hecho una fiera, peeeero… esta vez me da igual. En serio, me da igual. Yo soy la que trabaja, yo decido qué hago con mi dinero. Además, que ya soy mayorcita.
-Pero si vives aquí al lado, sigo sin entender para qué quieres una moto –la pelirroja muerde su bocadillo y saca una botella de agua de su mochila.
-Porque quiero independencia. Tú vives lejos de tus padres y vas a donde quieres y cuando quieres, pero yo… 

Ayleen asiente con la cabeza y mastica en silencio. Elyse es una buena chica, los estudios se le dan genial y es amable con todo el mundo. Además, hablar con ella ayuda a Ayleen a dejar de pensar en Connor y en Derek durante un rato, pues de otro modo su cerebro estaría todo el rato martilleándola con que debe contarle a Connor que tiene algo similar a una relación con Derek, y por otro lado le diría que Derek no es el chico adecuado para una relación. La joven vuelve a concentrarse en las palabras de Elyse para apartar todo eso de su cabeza.

-No te haces una idea de a cuántos niños he tenido que cuidar para esto y… ¡Dios santo! –sus ojos se abren como platos.
-¿Qué…? –masculla Ayleen.

La muchacha gira la cara en la dirección que apuntan los ojos sorprendidos de su amiga y comprende el por qué de su expresión. La situación parece la de una película, y Ayleen no logra evitar quedarse embobada también. Como si fuera a cámara lenta –aunque evidentemente no lo es-, un joven que en ese preciso instante se pasa los dedos a través de su pelo negro y lo revuelve, cruza la entrada de la cafetería. Es Derek, claro. Lleva una camiseta blanca que hace contraste con su piel aceitunada, unos vaqueros ligeramente desgastados y una chaqueta de cuero colgada del hombro. Anda tal y como lo hace siempre, como si él fuera el dueño del lugar y supiera exactamente lo que va a ocurrir unos segundos antes que todos los demás. 

-Coño, este tío acaba de escaparse de una sesión de fotos para modelos –Elyse no le quita los ojos de encima y Ayleen está segura de que es la primera vez que escucha a su amiga soltar un taco-. ¡Y viene hacia aquí!

La pelirroja suelta una risita pero se limita a ver cómo se desarrollan los acontecimientos. Es consciente de que casi todas las chicas de la cafetería miran a Derek, y es que aunque no sea el joven más guapo de la faz de la Tierra –de hecho en lo que respecta a la cara Ayleen diría que Connor le supera-, el chico (o más bien hombre) que acaba de entrar en la cafetería desprende más atractivo que todos los demás de la sala juntos. Es, simple y llanamente, un imán para las mujeres. Y se para justo delante de la mesa de Ayleen. Ésta traga con dificultad lo que le quedaba de bocadillo.

-Buenos días –saluda Derek con una amplia sonrisa.
-Hola –responde Elyse con los ojos todavía muy abiertos.
-¿Qué quieres? 

Ayleen no pretende que su tono suene cortante, si bien cuando las palabras salen de su boca le da la sensación de que ha sido más brusca de lo que pretendía. No obstante, lo ha dicho lo suficientemente alto como para que algunas chicas de las mesas más cercanas la escuchen –aunque la pelirroja no lo pretendía-, y descubre cierta satisfacción en saber que para envidia de todas las demás, Derek está allí por ella y no importa que le hable así porque sin duda él encontrará una respuesta ingeniosa o irónica, de esas que se dicen mutuamente desde el día en que se conocieron.

-Contemplar una vez más tu simpatía natural –sonríe todavía más.

Y bingo. La boca de Elyse se abre sin que ella se dé cuenta, y mira a Ayleen con cara de quién-es-este-tío-y-por-qué-no-me-habías-hablado-de-él. La pelirroja se encoge de hombros y su amiga comprende que se lo explicará más tarde. Pero parece que esa no es la intención de Derek.

-¿No me presentas? –cuestiona con voz casi angelical.
-Soy Elyse, encantada –la joven le tiende la mano y Derek se la estrecha, prolongando el contacto un poco más de lo necesario.
-Igualmente, yo soy Derek –tamborilea como distraídamente en la mesa-. Elyse… ¿te importaría si secuestrase a Ayleen un momento?
-Siempre que sea bajo su consentimiento… -Elyse alza las palmas de las manos en gesto de inocencia.
-Un secuestro nunca es consentido pero… haremos una excepción.

Los dos asienten con la cabeza y Ayleen se cruza de brazos.

-¿Y si yo no quiero?
-Claro que quieres, pelirroja –Derek ríe.

El joven moreno tira de la muñeca de Ayleen y ésta no opone resistencia. Se despide de Elyse con la mano, coge su mochila y se deja llevar por Derek hasta que salen del recinto de la universidad. Ahora a su alrededor hay mucho césped y algunos bancos de madera que más de un estudiante prefiere para comer en lugar de la cafetería. Buscan un pequeño claro y se sientan a la sombra de un árbol. Ayleen apoya la espalda en su tronco.

-¿Y bien? –la chica lo mira con curiosidad.
-¿Qué?
-Que qué quieres.
-Ah, nada en especial. Me apetecía verte.
-¿Derek? ¿Eres tú? –Ayleen frunce el ceño.

Él la mira como si se hubiera vuelto loca.

-Es que no creía que fueras de la clase de tío que va a buscar a su chica a clase y se la lleva de picnic. 
-Así que eres mi chica… -Derek sonríe levemente.

Las mejillas de Ayleen se tornan del color de su pelo.

-No quería decir eso… -contesta con voz nerviosa- Es simplemente una comparación, no… Bueno, que…

Derek pone su mano sobre la de ella para que se tranquilice, si bien eso sólo consigue ponerla más nerviosa.

-Está bien –dice él tranquilamente.

No le ha confirmado nada. No le ha dicho ni que sí, ni que no, y ambos son conscientes de ello. Ayleen ya había asumido que lo que había entre ellos era difícil de etiquetar, pero le habría gustado que Derek hubiera dicho que sí, que es su chica, que ya no hay en él nada de ese mujeriego indomable que ella sabe que es. 

La joven pelirroja asiente con la cabeza y retira su mano de debajo de la de Derek con suavidad, apartándose del rostro un mechón anaranjado que ni siquiera le molesta. Ha vuelto a comprender que probablemente el único objetivo que Derek tenga con respecto a ella es llevársela a la cama, y le duele, porque por suerte o por desgracia Ayleen ya se ha implicado en ellos más que eso. 

-¿Qué haces después de clase? –pregunta Derek de repente; sus ojos negros la miran con inusitada intensidad.
-Lo mismo que todos los días –ella frunce el ceño ante la extraña cuestión-. Me iré a la residencia a comer y luego supongo que estudiaré. ¿Por?
-Querría enseñarte algo –no suena misterioso sino casi avergonzado, o tal vez preocupado.
-¿Importante?
-Para mí, lo es.

En ese momento suena un timbre que indica que el descanso se ha terminado y que hay que volver a clase.

-Pues vamos.

Ayleen se pone en pie y Derek la mira desde el suelo con desconcierto.

-El profesor de anatomía ni siquiera notará mi ausencia –se encoge de hombros y él sonríe ampliamente.
-¿Segura?
-Totalmente. 

El chico moreno se levanta también, posa un instante sus labios sobre los de Ayleen y la toma de la mano para llevarla a descubrir cosas de él que nadie más conoce.