viernes, 22 de agosto de 2014

TESTIGOS DE LA LUNA - Capítulo 22.

I

Hayley está preparando su bolsa para ir a clase mientras Mark la espera apoyado en la puerta. Unos días atrás se cambió el tinte y ahora las puntas de su pelo son rojas, pero la paciencia con la que escucha a su amiga no ha cambiado en absoluto.

-Estaban ahí, liándose. Los vi con mis propios ojos, estos de aquí -se gira para mirar a Marcus y se señala los ojos-. Y Derek encima tiene prohibido entrar en la residencia.
-Era evidente -se limita a decir él.
-Ya, pero -mete con energía un libro de economía en su bolso- Connor no lo sabe.
-Connor no quiere saberlo. A veces, el cerebro almacena información que...
-No me hace falta saber todo eso -Hayley hace una mueca de contrariedad-. Sólo quiero saber si debo decírselo a Connor o no.
-Lo estás poniendo todo como si Connor y Ayleen fueran pareja y ella le estuviera siendo infiel.

La chica menuda y de voz aguda se queda mirando a Mark como si fuera la primera vez que lo viera.

-Todo el mundo cree que lo son -coge sus cosas y sale de la habitación.
-Excepto ellos -Marcus cierra la puerta y sigue a Hayley con resignación.
-¿De verdad crees que Connor no piensa que entre ellos hay algo más que una simple amistad? -su tono es más sarcástico que curioso.
-Creo que Connor es más consciente de la situación de lo que tú crees -él se encoge de hombros.
-¿Entonces me estás diciendo que no se lo diga porque ya lo sabe o que se lo diga precisamente por el mismo motivo?

Tras un prolongado suspiro, Mark se pone a su altura y la hace parar de andar.

-¿Quieres saber qué pienso?

Hayley asiente con la cabeza.

-Creo que tienes celos de Ayleen, porque ella ha llegado mucho después que tú y aun así Connor ya la ha puesto en su zona VIP, mientras que tú te has quedado en la business.
-¿Eres psicólogo o azafata? Porque menuda comparación aérea -bufa Hayley-. Pero no estoy celosa.
-Ya.
-¡Es cierto! Lo que estoy es cansada de ver cómo Connor siempre acaba con el corazón hecho pedazos, y sólo le resultamos importantes cuando tenemos que recoger los trocitos y pagarlos con pegamento fuerte.
-No será tan fuerte cuando siempre se lo vuelven a romper -bromea Marcus, pero Hayley permanece seria.
-No sé qué hacer -su cara revela auténtica preocupación.
-Entonces no hagas nada.
-¡Pero eso ya implica hacer algo! Tomar una decisión, quiero decir... Y no sé si lo correcto es...
-Hayley -el chico le pone las manos sobre los hombros-, tienes tiempo para pensarlo cuando te aburras en clase de Derecho Romano. Ahora vamos o llegaremos tarde.

Con un suspiro, y sin las ideas claras, la joven camina hacia la universidad, más confusa tras la charla con Mark que antes de ella. "Sin duda, algunos psicólogos te hacen acabar con más problemas de los que tenías al principio".


II

Después de desayunar y coger sus cosas, Natasha sale de la residencia acompañada por Axel. En esta semana en que Owen y Derek ya han estado fuera, han tomado la costumbre de ir juntos a la universidad, pues todo el campus de letras forma un único y enorme complejo en el que tienen cabida tanto la facultad de derecho como la de filología inglesa. Como cada mañana, cogen el autobús y se sientan el uno al lado del otro, sin hablar demasiado pero sin caer tampoco en silencios incómodos.

-Ayer Derek vino a verme -dice Natasha tras varios minutos.
-Lo sé -él asiente con la cabeza.
-Parecía inquieto -da la sensación de que la joven se lo haya dicho a sí misma.

Axel la mira, a la espera de más información.

-Me preguntó si quiero a Owen y si voy a seguir con él -se retuerce las manos con nerviosismo, revelando una fragilidad que pocos conocen.
-¿Y qué dijiste?
-Que sí a lo primero. No a lo segundo -se queda quieta como una estatua y luego suspira-. Pero creo que cuando le vea otra vez no estaré tan segura.
-¿A Derek?
-A Owen.

Axel asiente con la cabeza. No puede saber cómo se siente Natasha con todo lo que está pasando, y es cierto que nunca ha estado enamorado pero sí sabe que no puedes dejar de depender de una persona sólo porque te haya hecho daño. Los sentimientos son algo mucho más complejo que todo eso. Si no lo fueran, por ejemplo, no habría tantas mujeres maltratadas que guardan silencio y siguen queriendo a sus parejas. O a lo que éstos fueron tiempo atrás.

Ninguno de los dos dice nada en lo que queda de trayecto, y su silencio sólo se ve interrumpido por el tenue pitido que indica las paradas del autobús. Cuando toca la suya, se bajan sin prisa y se despiden para dirigirse a sus respectivos edificios. 

En cuanto la pareja se separa, un Owen con cara de pocos amigos comienza a seguir a Natasha, para nada conforme con que ella acabe de bajarse del autobús con otro tío -que para colmo es un supuesto amigo de Owen-, y dispuesto a hacerle ver que es con él y con nadie más con quien Natasha debe estar.


III

Connor camina silencioso al lado de Hayley, por el pasillo que lleva a su primera clase de la mañana. Sabe que algo va mal y nadie parece dispuesto a decirle qué es. Ayer por la noche, después de la cena, Ayleen desapareció de repente, aunque han vuelto a verla en el desayuno y por tanto no le ha pasado nada grave. Sin embargo, Hayley no ha pronunciado ni una sola palabra en toda la mañana -lo cual es muy, muy extraño en ella-, y no ha sido capaz de mirar a Connor a los ojos cuando éste le ha preguntado si estaba bien. Bueno, ni en ese momento, ni en ningún otro.

De alguna forma, piensa que esos dos acontecimientos están relacionados, pero le sorprende que nadie haya querido explicarle el por qué.

Lo que todos ellos no saben es que Connor no es tonto, y aunque parezca que no, se percata de las cosas. Hace tiempo que admitió que Ayleen le gusta, aunque no está enamorado de ella probablemente porque es evidente que no le corresponde. Connor sabe que Derek está por ahí, flotando alrededor de la pelirroja como un buitre hambriento que espera a que su objetivo se rinda y caiga. O quizás fuera mejor compararlo con un león en celo. El caso es que sabe que entre esos dos pasa algo que Ayleen no le ha contado, y también sabe que no puede competir con Derek. 'Bah, las chicas se pasan la vida diciendo que quieren un hombre cariñoso que las quiera, y cuando se lo das, van y lo meten en la bolsa titulada "amigos", y acaban buscándose a un chico malo que preferentemente supere el límite de velocidad cada vez que conduce y para el que sólo son una más en su larga lista de aventuras. Y luego van a aquel que está destinado a ser sólo amigo a llorarle cuando su chico malo las deja. Irónico.'

Con esos pensamientos entra en clase, y al sentarse en su sitio se da cuenta de que Natasha no está en su asiento habitual, unas filas más adelante que el de Connor. Mira a su alrededor por si ha cambiado de sitio y descubre que la chica de pelo negro no está en la sala. Qué extraño. Aunque tal vez llegue tarde. Sin embargo, la profesora entra en la clase y comienza su explicación y Natasha no ha aparecido. Quizás haya tenido un mal día, no se la ve muy bien desde lo que pasó con Owen… quizás.


IV

Ayleen camina por el pasillo acompañada de Elyse, una de las pocas amigas que considera que tiene en la universidad. Entre unas cosas y otras, la pelirroja ha descuidado mucho sus relaciones sociales fuera de la residencia, y lo cierto es que todavía no tiene un grupo de amigos. 

Elyse y ella se dirigen a la cafetería, pues tienen media hora de descanso hasta la siguiente clase para poder tomarse algo que les haga recuperar fuerzas. Una clase de bioquímica justo después de una de bioestadística acaba con cualquiera. 

Las chicas cogen sendos sándwiches vegetales de la barra, los pagan y se sientan en una mesita redonda alejada de donde están ahora la mayoría de los estudiantes. 

-Ya me queda menos para comprarme la moto. A mi madre le va a dar un infarto y mi padre se va a poner hecho una fiera, peeeero… esta vez me da igual. En serio, me da igual. Yo soy la que trabaja, yo decido qué hago con mi dinero. Además, que ya soy mayorcita.
-Pero si vives aquí al lado, sigo sin entender para qué quieres una moto –la pelirroja muerde su bocadillo y saca una botella de agua de su mochila.
-Porque quiero independencia. Tú vives lejos de tus padres y vas a donde quieres y cuando quieres, pero yo… 

Ayleen asiente con la cabeza y mastica en silencio. Elyse es una buena chica, los estudios se le dan genial y es amable con todo el mundo. Además, hablar con ella ayuda a Ayleen a dejar de pensar en Connor y en Derek durante un rato, pues de otro modo su cerebro estaría todo el rato martilleándola con que debe contarle a Connor que tiene algo similar a una relación con Derek, y por otro lado le diría que Derek no es el chico adecuado para una relación. La joven vuelve a concentrarse en las palabras de Elyse para apartar todo eso de su cabeza.

-No te haces una idea de a cuántos niños he tenido que cuidar para esto y… ¡Dios santo! –sus ojos se abren como platos.
-¿Qué…? –masculla Ayleen.

La muchacha gira la cara en la dirección que apuntan los ojos sorprendidos de su amiga y comprende el por qué de su expresión. La situación parece la de una película, y Ayleen no logra evitar quedarse embobada también. Como si fuera a cámara lenta –aunque evidentemente no lo es-, un joven que en ese preciso instante se pasa los dedos a través de su pelo negro y lo revuelve, cruza la entrada de la cafetería. Es Derek, claro. Lleva una camiseta blanca que hace contraste con su piel aceitunada, unos vaqueros ligeramente desgastados y una chaqueta de cuero colgada del hombro. Anda tal y como lo hace siempre, como si él fuera el dueño del lugar y supiera exactamente lo que va a ocurrir unos segundos antes que todos los demás. 

-Coño, este tío acaba de escaparse de una sesión de fotos para modelos –Elyse no le quita los ojos de encima y Ayleen está segura de que es la primera vez que escucha a su amiga soltar un taco-. ¡Y viene hacia aquí!

La pelirroja suelta una risita pero se limita a ver cómo se desarrollan los acontecimientos. Es consciente de que casi todas las chicas de la cafetería miran a Derek, y es que aunque no sea el joven más guapo de la faz de la Tierra –de hecho en lo que respecta a la cara Ayleen diría que Connor le supera-, el chico (o más bien hombre) que acaba de entrar en la cafetería desprende más atractivo que todos los demás de la sala juntos. Es, simple y llanamente, un imán para las mujeres. Y se para justo delante de la mesa de Ayleen. Ésta traga con dificultad lo que le quedaba de bocadillo.

-Buenos días –saluda Derek con una amplia sonrisa.
-Hola –responde Elyse con los ojos todavía muy abiertos.
-¿Qué quieres? 

Ayleen no pretende que su tono suene cortante, si bien cuando las palabras salen de su boca le da la sensación de que ha sido más brusca de lo que pretendía. No obstante, lo ha dicho lo suficientemente alto como para que algunas chicas de las mesas más cercanas la escuchen –aunque la pelirroja no lo pretendía-, y descubre cierta satisfacción en saber que para envidia de todas las demás, Derek está allí por ella y no importa que le hable así porque sin duda él encontrará una respuesta ingeniosa o irónica, de esas que se dicen mutuamente desde el día en que se conocieron.

-Contemplar una vez más tu simpatía natural –sonríe todavía más.

Y bingo. La boca de Elyse se abre sin que ella se dé cuenta, y mira a Ayleen con cara de quién-es-este-tío-y-por-qué-no-me-habías-hablado-de-él. La pelirroja se encoge de hombros y su amiga comprende que se lo explicará más tarde. Pero parece que esa no es la intención de Derek.

-¿No me presentas? –cuestiona con voz casi angelical.
-Soy Elyse, encantada –la joven le tiende la mano y Derek se la estrecha, prolongando el contacto un poco más de lo necesario.
-Igualmente, yo soy Derek –tamborilea como distraídamente en la mesa-. Elyse… ¿te importaría si secuestrase a Ayleen un momento?
-Siempre que sea bajo su consentimiento… -Elyse alza las palmas de las manos en gesto de inocencia.
-Un secuestro nunca es consentido pero… haremos una excepción.

Los dos asienten con la cabeza y Ayleen se cruza de brazos.

-¿Y si yo no quiero?
-Claro que quieres, pelirroja –Derek ríe.

El joven moreno tira de la muñeca de Ayleen y ésta no opone resistencia. Se despide de Elyse con la mano, coge su mochila y se deja llevar por Derek hasta que salen del recinto de la universidad. Ahora a su alrededor hay mucho césped y algunos bancos de madera que más de un estudiante prefiere para comer en lugar de la cafetería. Buscan un pequeño claro y se sientan a la sombra de un árbol. Ayleen apoya la espalda en su tronco.

-¿Y bien? –la chica lo mira con curiosidad.
-¿Qué?
-Que qué quieres.
-Ah, nada en especial. Me apetecía verte.
-¿Derek? ¿Eres tú? –Ayleen frunce el ceño.

Él la mira como si se hubiera vuelto loca.

-Es que no creía que fueras de la clase de tío que va a buscar a su chica a clase y se la lleva de picnic. 
-Así que eres mi chica… -Derek sonríe levemente.

Las mejillas de Ayleen se tornan del color de su pelo.

-No quería decir eso… -contesta con voz nerviosa- Es simplemente una comparación, no… Bueno, que…

Derek pone su mano sobre la de ella para que se tranquilice, si bien eso sólo consigue ponerla más nerviosa.

-Está bien –dice él tranquilamente.

No le ha confirmado nada. No le ha dicho ni que sí, ni que no, y ambos son conscientes de ello. Ayleen ya había asumido que lo que había entre ellos era difícil de etiquetar, pero le habría gustado que Derek hubiera dicho que sí, que es su chica, que ya no hay en él nada de ese mujeriego indomable que ella sabe que es. 

La joven pelirroja asiente con la cabeza y retira su mano de debajo de la de Derek con suavidad, apartándose del rostro un mechón anaranjado que ni siquiera le molesta. Ha vuelto a comprender que probablemente el único objetivo que Derek tenga con respecto a ella es llevársela a la cama, y le duele, porque por suerte o por desgracia Ayleen ya se ha implicado en ellos más que eso. 

-¿Qué haces después de clase? –pregunta Derek de repente; sus ojos negros la miran con inusitada intensidad.
-Lo mismo que todos los días –ella frunce el ceño ante la extraña cuestión-. Me iré a la residencia a comer y luego supongo que estudiaré. ¿Por?
-Querría enseñarte algo –no suena misterioso sino casi avergonzado, o tal vez preocupado.
-¿Importante?
-Para mí, lo es.

En ese momento suena un timbre que indica que el descanso se ha terminado y que hay que volver a clase.

-Pues vamos.

Ayleen se pone en pie y Derek la mira desde el suelo con desconcierto.

-El profesor de anatomía ni siquiera notará mi ausencia –se encoge de hombros y él sonríe ampliamente.
-¿Segura?
-Totalmente. 

El chico moreno se levanta también, posa un instante sus labios sobre los de Ayleen y la toma de la mano para llevarla a descubrir cosas de él que nadie más conoce. 

jueves, 7 de agosto de 2014

TESTIGOS DE LA LUNA - Capítulo 21.

I

Después de hablar con Natasha y comprobar que se encuentra bien, Derek va hasta la habitación de Axel, consciente de que Ayleen aún no habrá terminado de cenar y tiene que hacer tiempo. Además, le apetece ver a sus amigos.

Cuando llega a la puerta da dos toques seguidos, espera, da otros dos toques, vuelve a esperar y concluye con un solo golpe. Abren inmediatamente, pues ese sonido indica que es uno de ellos, y Derek ve relajarse la cara de su amigo, aunque luego Axel vuelve a alarmarse por algún motivo desconocido.

El joven moreno entra en el cuarto y ve a Spike tumbado en la cama, con una pelota de pin pon en las manos. Al ver que es Derek, reanuda lo que estaba haciendo antes y comienza a lanzarla hasta que casi toca el techo.

-Pensábamos que sería Owen -Axel explica su inicial cara de preocupación.
-¿Ha venido por aquí?
-Nah -Spike captura la pelota y la lanza una vez más.
-De todos modos a vosotros no os ha hecho nada, podéis seguir hablando con él -Derek se encoge de hombros y se sienta a los pies de la cama, dejándole la silla del escritorio a Axel.
-Ese es el problema, que no sabemos cómo debemos, ni cómo queremos, tratarle.

Derek asiente con la cabeza puesto que él mismo sabe que se sentiría igual si no hubiera sido su hermana la afectada.

-¿Qué haces aquí? -pregunta el dueño del cuarto, pero no con molestia sino con curiosidad.
-Quería saludar a unos y otros.
-A la pelirroja -dice Spike con tono pícaro.
-Se llama Ayleen -corrige Derek, e inmediatamente se da cuenta de que esa objeción no es nada propia de él.
-¿Te la has tirado ya o no? -sujeta la pelota en sus manos, interesado.

Muy a su pesar, el chico de ojos negros niega con la cabeza.

-Uf, no has sido capaz de cumplir tus palabras.
-¿Qué palabras?
-Dijiste que sólo necesitabas un mes -interviene Axel-. Y ya ha pasado uno.
-Bah, no importa. Cuanto más dura es la cáscara, más bueno es lo que hay dentro.

Derek se echa a reír con el comentario de su amigo. Tal vez tenga razón. En cualquier caso, no sabe qué le está pasando. A él jamás se le había resistido nadie de ese modo, y si alguna amenazaba con ser así, solía buscarse a otra y listo. Por qué en este caso está persistiendo sigue siendo una incógnita para él, pero tiene que haber un motivo y ya sospecha cuál es, aunque no piensa admitirlo.


II

Ayleen se ha pasado la cena casi sin hablar, y Connor, como siempre, no le ha preguntado nada. Hayley ha ocupado ese vacío comentando cosas que han pasado esa mañana en la clase, aunque Marcus parece ser el único que la ha escuchado.

Después de una comida poco sabrosa, todos comunican sus intenciones de irse a sus dormitorios a dormir. Ayleen se queda algo rezagada, pensando en los motivos por los que Derek decidió desaparecer de su vida durante una semana. No es que hasta el momento haya sido una constante en ella, pero...
Repentinamente, siente una mano rodeando su muñeca que tira de ella y la hace chocar contra algo firme y cálido. Todo a su alrededor se ha vuelto oscuro, pero escucha una respiración pausada que no puede pertenecer a otra persona que no sea Derek. 

-¿Dónde estamos? -pregunta ella.

El joven le pone un dedo en los labios para que guarde silencio. El contacto le provoca un escalofrío, tal vez por el roce con la piel de él, o tal vez porque no verle ni poder adivinar sus movimientos la pone nerviosa de una agradable manera.

-En la habitación de la limpieza -informa Derek en un susurro, y Ayleen nota el aliento del chico en su rostro.

Asiente con la cabeza y él retira el dedo de sus labios sólo para hacerlo recorrer muy lentamente la piel de la pelirroja desde el hombro hasta la muñeca, erizándole el vello a su paso. Posa la otra mano en la parte final de su espalda, casi tocándole el trasero, y en lugar de rechazar el contacto, Ayleen sucumbe y se pega contra él. Derek acerca despacio su boca a la de ella, que se entreabre con anhelo. Primero es sólo un roce, el joven moreno separa su boca, conduce la mano desde la muñeca de Ayleen hasta su cuello y la besa otra vez, ahora dedicándole más tiempo, recreándose en ello, sintiendo como las respiraciones de ambos se acompasan y sus movimientos se acomodan a los de sus labios, permitiéndose incluso experimentar con sus lenguas. Después de un instante eterno, Derek succiona juguetonamente un punto del cuello de ella, y se separan.

Quizás ya lo hayan hecho muchas veces, pero Ayleen siente que esa es la primera vez que se besan de verdad. No está segura de por qué, es posible que sea por la intimidad del momento o porque hasta entonces no había llegado a ser consciente de cada movimiento y cada respiración. Ahora, algo en su interior hace clic, y de pronto todo encaja. De repente, siente unas ganas inmensas de volver a besarle, de que la rodee con sus brazos y que la tienda en una cama, pero también de caminar tranquilamente con él por la calle, cogidos de la mano, mirándose de reojo y susurrándose al oído secretos que únicamente ellos conozcan. Se pregunta si está enamorándose de Derek y la posible respuesta la asusta.

-Me has olvidado durante una semana -murmura Ayleen apartándose un poco y chocando contra algo que parece una fregona. 

Es posible que sólo lo haya dicho porque necesita autoconvencerse de que no debe pasar lo que ella quiere que pase, y en la oscuridad del cuarto de la limpieza alza la vista hasta donde deberían estar los ojos de Derek.

-Eso es lo que tú piensas -vuelve a cogerla de la muñeca-. Vamos.

La joven pelirroja se deja arrastrar hasta fuera de la habitación, y con cuidado de que nadie les vea, la pareja camina por la residencia en dirección a una puerta que da al exterior, concretamente a la zona de la piscina.

Ya es tarde y el cielo está casi completamente oscurecido, por lo que hay encendidas varias farolas al borde de la piscina. Un día entre semana y a esas horas es poco probable que entre alguien allí, pero por si acaso los jóvenes se dirigen hasta la esquina de la piscina más alejada de la puerta, y allí se sientan. 

Tras un minuto en un confortable silencio, Ayleen se quita los zapatos y se arrastra un poco hacia delante, para meter los pies en el agua. Derek la imita, y la chica mueve tranquilamente las piernas hacia delante y detrás, creando ondas en el agua. Las sombras se proyectan en el césped, y ninguno de los dos parece querer decir nada para no romper el momento. Finalmente, Derek mira al cielo y habla.

-¿No parece que fuéramos las dos únicas personas en el mundo? 

Ayleen le mira, sorprendida de escucharle tan ensimismado y pensativo; después alza la cabeza también y se fija en que él está mirando a la luna llena.

-No estaría nada mal -confiesa ella-. Seríamos los dos únicos testigos de la luna.
-Y posiblemente no sobreviviríamos durante mucho tiempo.

La chica sonríe, y Derek también lo hace. 

-Seguro que nos salvaríamos -Ayleen sigue moviendo los pies despreoupadamente.
-¿Por qué? 
-Porque somos los protagonistas -arruga la nariz y Derek vuelve a sonreír, divertido por el gesto.
-¿Y cómo acabaría la película? 

La pelirroja lo mira, y por primera vez desde que está con él, se siente una niña pequeña, y sabe que Derek se siente así también. Y le gusta, porque es muy fácil sentirse atraído por una persona, pero estar cómodo durante los silencios o experimentar nuevas facetas de uno mismo con alguien es mucho más complicado.

-Pues como todas las películas americanas. Tras varios momentos de tensión en los que parece que todo está perdido, al final conseguimos encontrar a otros seres humanos y somos felices para siempre.
-Se te ha olvidado algo -el joven moreno ha perdido toda la autosuficiencia en el rostro y ahora sólo la mira con ojos transparentes.
-¿El qué? 
-El beso.
-Bueno, no hay por qué esperar hasta el final de la película... 

Derek ríe suavemente y se inclina hasta la muchacha. Sus labios se rozan cuando...

-Pero primero mejor un baño -con un empujoncito por la espalda, tira a Ayleen al agua.

La chica aún tiene la cabeza bajo el agua cuando nota la sacudida de Derek impactando contra la superficie. Al menos ha tenido la decencia de tirarse él también, piensa. Aunque la verdad es que no le importa, y en cuanto que saca la cabeza estalla en una carcajada, ignorando la ropa mojada, que al día siguiente tiene clase y que se supone que Derek no debería estar allí. Se siente como un momento atrás, una niña, y a pesar de todo le parece que nunca ha sido tan libre. Libre para saltarse las reglas y bañarse vestida y libre para estar con el chico que le plazca a pesar de las opiniones desaprobatorias de los demás. Ni siquiera piensa en qué pensaría Connor.

Durante un rato juegan a salpicarse y a besarse, a nadar y encontrarse, y a ojos de cualquiera parecerían una pareja... si bien entre ellos hay algo mucho más complicado que eso. Ni siquiera saben si se quieren, sólo que disfrutan la mutua compañía.

Acaban tendidos en el césped, bocarriba y resollando, notando las ropas mojadas contra la piel. No hace frío pero sí fresco, y los dos echan en falta un calor corporal que no tardan en darse. Derek se tumba de lado y mira a Ayleen. 

-¿Qué? -pregunta ella.
-Nada -se inclina y la besa.

Y así pasan las primeras horas de la noche, contándose cosas entre beso y beso. Ayleen le habla de su trabajo en el restaurante y de sus clases de anatomía, mientras que él le cuenta historias de cuando era niño que nadie excepto Natasha había escuchado nunca. De lo que ninguno de los dos se percata es de que hay alguien observándolos desde la ventana de una habitación.


[Y aparecí de nuevo. Estuve de viaje y por eso no subí capítulo, lo siento mucho. Espero que el capítulo os haya gustado, sé que está siendo todo muy pesado pero no os preocupéis porque a la novela ya le queda poco y eso implica que la acción se irá concentrando más. Subiré tan pronto como pueda, gracias por seguir leyendo, y comentad por favor]

lunes, 21 de julio de 2014

TESTIGOS DE LA LUNA - Capítulo 20.

I

Connor observa atentamente a Ayleen acercarse hasta la puerta de su habitación, es decir, hasta él. No está muy seguro de por qué ha ido allí, pero sentía que necesitaba hacerlo. El ceño de la joven está ligeramente fruncido, no desde que le ha visto a él sino desde antes, aunque sus ojos sí se abren un poco al darse cuenta de que está allí.

-Hola -saluda Connor amistosamente.
-Hola -responde ella.

Ayleen se muestra algo cohibida, probablemente por la conversación que tuvieron antes en la cafetería, en la que Connor no sólo le confesó que el año anterior había estado enamorado de Natasha, sino que también le habló de Derek. Antes creía haber visto algo entre ellos, pero ahora con Ayleen delante, la ve normal, como ha estado desde el primer día, y ya no está tan convencido de que lo otro no hayan sido imaginaciones suyas.

-Sé que tenías que estudiar, pero...
-Tranquilo -ella sonríe, más relajada-. No seré capaz, así que pasa si quieres.

Tras dudar un momento, Connor acepta su ofrecimiento. La muchacha abre la puerta y ambos pasan al cuarto.

-¿Quieres ver una peli? -Ayleen enciende su portátil cuando él responde afirmativamente.

Connor se sienta en la cama, como ya ha hecho tantas y tantas veces, y la mira inclinarse hacia el ordenador. Tiene un cuerpo muy bonito.

-Escucha, yo...
-Connor, no importa -ella se adelanta a sus palabras.
-No, de verdad que sí -sacude la cabeza-. Siento lo de antes. Y quiero que sepas que puedes contarme lo que sea con confianza.

Se produce un breve silencio.

-Lo sé -responde ella al final, aún de espaldas.


II

Owen tira una taza que descansa en el escritorio de su habitación, rompiéndola en pedazos contra el suelo. Está furioso. Tiene que buscarse un sitio donde vivir durante un mes, y eso no le va a resultar nada fácil. Por si fuera poco, tiene además la cara hinchada por los golpes que Derek le ha propinado. Ese guapete siempre se ha creído el dueño de todo, pero no tiene ningún derecho a entrometerse en su relación con Natasha. 

Natasha.

¿Seguirá queriendo estar con él? El sentido común le dice que no, pero una parte de su cerebro le insiste en que esa relación no terminará cuando ella quiera, sino cuando lo quiera él. Sin embargo, con un mes fuera de la residencia, le va a resultar bastante difícil restablecer las cosas con Natasha... a menos que vaya a buscarla algún día después de clase, o tal vez antes, cuando puedan hablar tranquilamente, sin que nadie les moleste.


III 

La película está a punto de terminar cuando llaman a la puerta de la habitación de Ayleen. Perezosamente, la chica levanta la cabeza del hombro de Connor y camina casi dormida a abrir. El sueño se desvanece en un instante al abrir la puerta y encontrarse ante sí a Derek. Instintivamente, Ayleen mira hacia atrás, pero por la posición de la cama y porque hay un pequeño pasillo hasta la puerta, Connor no puede ver quién es... a menos que se asome. La chica empuja por el pecho a Derek para que se eche hacia atrás.

-Cuánta pasión, pelirroja -ella le hace un gesto para que baje la voz, y aunque reticente, Derek susurra-. ¿Quieres seguir con lo de antes? -la mira con ojos divertidos.
-Ni pasión ni leches -murmura ella-. Ahora mismo no es el momento, vete.

Él alza las cejas y hace el amago de ir a mirar dentro del dormitorio. Ayleen vuelve a apartarlo poniéndole la mano en el pecho.

-Ah, ya entiendo. El angelito rubito está aquí, ¿eh? -su expresión se endurece- Quería decirte algo, pero seguid con la fiesta, entonces.

Derek se marcha sin que Ayleen diga nada más. La chica está convencida de que no tenía nada que decirle y sólo lo ha comentado para que ella intentara que se quedase, pues no puede saber que las palabras de Derek eran ciertas.
Con la respiración agitada por la tensión, cierra la puerta y entra a la habitación, sin que sus intentos por calmarse surtan efecto. Es precisamente eso lo que hace que Connor se pregunte quién habrá llamado a la puerta para que Ayleen esté en ese estado.

-¿Todo bien? -pregunta cuando ella vuelve a sentarse en la cama.
-Sí, perfectamente -sonríe con excesivas ganas y reanuda la película.

Puesto que está claro que no quiere decir quién ha ido a buscarla, Connor lo acepta en silencio y no pregunta nada más, aunque ninguno de los dos consigue volver a concentrarse en la película, y Ayleen no apoya esta vez su cabeza en el hombro de su amigo. Se siente repentinamente mal por lo que está haciendo, pues si no fuera porque Derek y ella no son nada, y está convencida de que Derek está intentando básicamente acostarse con ella, diría que ha visto un destello de celos en sus ojos, o quizás algo parecido al dolor, cuando ha comprendido que estaba en la habitación con Connor. Por otro lado, Connor le ha dicho un rato atrás que puede confiar en él, y ella no le ha dicho que Derek acaba de llamar a su puerta. Lo peor es que cuando alguien oculta algo es o bien porque se siente culpable o bien porque teme las consecuencias. Y Ayleen siente que a ella le pasa un poco de ambas.


IV

Una semana más tarde, Ayleen estudia con infinidad de apuntes y libros esparcidos sobre el escritorio. El examen del viernes anterior fue dificilísimo, y aunque no le han dado todavía la nota, está convencida de que ha suspendido. No estudió tanto como debería, y eso tiene fácil pero tediosa solución.
Connor, por su parte, está tendido en la cama, de lado, leyéndose y releyéndose nosecuántas enmiendas de la constitución. Ambos guardan silencio y estudian concentrados, pero por algún motivo han descubierto que estudiar en la compañía del otro les resulta más productivo. Quizás la mayoría de la gente piense que al estudiar con otra persona es más fácil distraerse, pero para ellos supone forzarse a no perder el tiempo, pues se vigilan mutuamente.

Por otro lado, Ayleen lleva toda esa semana sin ver a Derek. Sabe por Natasha que ha tenido que marcharse de la residencia durante un mes, al igual que Owen, pero no sabe dónde está ni por qué no ha hecho porque Ayleen tenga noticias suyas. Tal vez siga molesto por cuando tocó a su puerta y ella estaba con Connor en la habitación, y la verdad es que por mucho que finja que le da igual, le gustaría volver a verle. 

El sonido de una alarma saca a Ayleen del extraño mundo de los tejidos del cuerpo, que con un suspiro de alivio deja el bolígrafo sobre el escritorio. Connor se incorpora, se estira y bosteza.

-Nos vemos en la cena -se despide con la mano antes de salir, y la chica asiente con la cabeza.

Así es su rutina, estudian hasta veinte minutos antes de la hora de cenar, y siempre ponen la alarma para no descuidarse. A las cocineras no les gusta servir la comida más tarde de la hora permitida. 

Una vez que Connor se ha ido, Ayleen va hacia su armario y busca una fina blusa verde de manga larga para la cena. No es que haga frío, pero por las noches está empezando a refrescar. Va a ponerse la prenda cuando se da cuenta de que hay una sombra en el alfeizar de su ventana. Creyendo que tal vez sea algún pájaro que esté pensando instalar su nido en la amplia superficie, abre la ventana con intención de espantarlo, y casi grita de la impresión al descubrir que es Derek quien, sentado en el alfeizar sin problemas aparentes para mantener el equilibrio, la mira con un aire de aburrimiento en los ojos. 

-Pensaba que no se iría nunca -sus ojos se ponen momentáneamente en blanco.
-¿Cómo...? -la chica señala la posición de él, alarmada y sin intenciones de discutir sobre Connor.

Si lo que Derek pretendía era que Ayleen olvidara que llevaba una semana sin dar señales de vida, ha cumplido su objetivo, porque por ahora ella está demasiado ocupada preguntándose cómo narices Derek ha llegado hasta ahí como para echarle nada en cara, al menos de momento.

-Te recuerdo que vives en un primer piso, pelirroja -el joven salta ágilmente al interior del cuarto.

La mirada de Derek escruta la habitación, como un policía que busca encontrar una evidencia en la escena de un asesinato, lo cual incomoda ligeramente a Ayleen.

-¿A qué has venido, Derek? -pregunta ella.
-Directa al grano -él hace un gesto en el aire como si lanzara un dardo.
-No, si fuera directa te habría preguntado por qué llevas una semana desaparecido y no me dijiste nada.

La pregunta no ha podido aguardar más tiempo en los labios de Ayleen. Derek alza las cejas.

-Intenté decírtelo, pero me echaste de la habitación, ¿recuerdas? 
-Claro, habría sido muy agradable, los tres ahí dentro conversando tranquilamente -ironiza ella.
-¿Sería incómodo para nosotros o quizás para ti? Porque podríamos intentar soportarnos el uno al otro si no fuera porque... ¡ah! Connor no sabe nada de esto porque tú se lo has ocultado, como si él fuera tu novio y yo tu amante.

Ayleen mira a Derek mientras habla y va de un lado para otro en la habitación. No le hace ninguna gracia que no le dijera nada, pero le gusta que se comporte de esa forma porque sabe que está celoso. Tampoco es que quiera que sea como Owen, pero una pizca de celos demuestra interés, y eso la reconforta.

-Mira, Derek, Connor y yo sólo somos amigos y...

Él la interrumpe.

-Creo que él no diría lo mismo.
-Bah, no me cambies de tema -le da con el dedo índice en el pecho, en gesto acusador-. Podrías haberme dicho que te ibas en cualquier otro momento.
-Vale, te lo digo ahora: me han echado de la residencia durante un mes. En realidad ya sólo quedan tres semanas, pero...

Ayleen nota que está a punto de sonreír, por lo que se contiene y debe hacer alguna mueca graciosa porque Derek rompe a reír. Su risa suena grave y profunda, y a pesar de todo es un sonido tan poco familiar para Ayleen que acaba por dejar que a sonrisa asome a sus labios.

-Ayleen.
-¿Sí?
-Supongo que tienes motivos para estar molesta, pero... escalar hasta tu ventana dará algún punto a mi favor, ¿verdad?
-Tú mismo has dicho que -hace un gesto con la mano para restarle importancia- es una primera planta. Además, eso de aparecer en la ventana es un poco siniestro.
-No me dejan entrar a la residencia así que obviamente por la puerta es bastante difícil, porque no creo que Phil me tenga suficiente cariño como para hacer la vista gorda.

Ayleen mira la hora y se da cuenta de que ya debería estar bajando para cenar.

-Derek, tengo que irme -dice ella en voz baja.
-Ah, tu amado te estará esperando, claro.
-Deja de decir eso -la joven le da un puñetazo en el hombro que le hace más daño a ella que a él.

Derek se escabulle y sonríe.

-Por cierto, ¿dónde estás viviendo estos días? 
-Ah, es secreto. Un chico tiene que mantenerse…
-¿Misterioso? –le interrumpe Ayleen- Eso mismo me dijiste cuando te pregunté por tus estudios. Pero una cosa es un poco de misterio y otra es que no sepa nada de ti.
-Ya lo descubrirás –contesta él sencillamente, encogiéndose de hombros.

La joven pelirroja niega levemente con la cabeza, y va a decir algo más cuando Derek la rodea por la cintura y la hace acercarse a él para besarla. Sus labios se unen durante un momento en que la chica aspira su aroma y siente la piel de sus brazos rozando la de ella, pero acaba apartándose con la mirada clavada en el suelo. No va a fingir que está enfadada con él, pero sí está contrariada porque no le haya dicho que se iba, y no tiene intención de ponérselo todo en bandeja. Derek no tiene derecho a hacer lo que le apetezca cuando le plazca sin tener unas consecuencias. Aunque… 

-¿Seguirás aquí después de la cena? -Ayleen guarda la blusa que tenía en la mano, pues no está dispuesta a ponérsela con Derek allí delante.
-Eso depende de las ganas que tengas de que lo haga –responde él, que seguramente no esperaba esa reacción a su beso.
-Entonces ya veremos.

Con una amplia sonrisa en los labios, Ayleen abre la puerta y le hace un gesto a Derek para que salga.

-Mejor me voy por la ventana.
-O podrías pasar a hacerle una visita a tu hermana, está justo al lado, ¿sabes? En esa habitación de ahí –señala en la dirección que está indicando.

Él se lleva una mano a la barbilla, pensativo.Tal vez la pelirroja tenga razón. Asiente con la cabeza y sale del dormitorio.

-Y para que lo sepas –Ayleen se gira cuando ya había echado a andar hasta el comedor- esa actitud de aparezco-en-la-ventana-a-lo-Edward-Cullen no te hace parecer más sexy, aunque creas que sí. 
-Soy lo bastante sexy como para necesitar esas cosas, pelirroja.

Ambos sueltan sendas carcajadas que se unen y retumban por todo el pasillo, permaneciendo en los oídos de Derek y Ayleen hasta que cada uno sigue su camino. 


[Bien, pues aquí va el capítulo 20. Espero que os haya gustado, y como siempre os pido que comentéis en el blog, menciones en twitter o ambas a ser posible, muchas gracias por leer]



martes, 15 de julio de 2014

TESTIGOS DE LA LUNA - Capítulo 19.

I

Ayleen no es capaz de pensar ahora mismo, pero algo le hace dar un súbito respingo y posando una mano en el pecho desnudo de Derek, lo aparta un poco de ella. Ambos tienen la respiración agitada, pero la chica pelirroja acaba de volver a la realidad. Aquello no está bien. No sabe muy bien por qué, pero no está bien. Además de ser un joven atractivo y de que le agrade la idea de imaginárselo acariciándola, también hay algo que le gusta de él, de su personalidad, que tal vez sea ese aire de controlar siempre la situación y de saberlo todo que en ocasiones resulta exasperante pero también tremendamente sexy, pero quizás sea que intuye algo más en Derek, algo que la acaba de hacer ver que no es el momento de llegar con él a nada que no sean besos. Se estropearía todo y Ayleen es perfectamente consciente de que tal vez Derek se olvidara de ella en cuanto se acostaran. Puesto que él le gusta, lo que tiene que hacer es que la necesite y se acostumbre tanto a ella, que aunque acabaran teniendo sexo, Derek quisiera seguir con ella por todo lo demás. Y ese no es el camino.

Él intenta besarla de nuevo, pero Ayleen gira la cara hacia un lado y agacha la cabeza.

-Derek, para -susurra.
-¿Qué pasa? 
-Nada, pero... -se levanta de la cama y le tiende a Derek su camiseta.
-Entiendo -el joven se pone la prenda, pensativo.
-Creo que deberías hablar con tu hermana -ella cambia de tema.

Derek también se levanta. ¿Será que la pelirroja intuye algo de lo que acaba de pasar con Pamela? Definitivamente, no debería haberse acostado con ella. Asiente con la cabeza.

-Iré a buscarla -abre la puerta, siendo él quien invita a Ayleen a salir, para así dar la impresión de que posee el control de la situación.

La chica pelirroja esboza una sonrisa y sale, aunque se queda apoyada en el quicio de la puerta. Se cruza de brazos y mira a Derek, que se está poniendo unos vaqueros desgastados. Su atractivo es tal que casi duele, especialmente porque acaba de rechazarlo. Pero eso no le vendrá nada mal al joven de ojos negros.

-¿Cuánto tiempo crees que lleva pasando? -pregunta Derek al tiempo que coge la tarjeta de su habitación.
-¿El qué?
-Que Owen trate mal a Natasha -la mira con seriedad.
-No lo sé, lo mejor es que se lo preguntes a ella -suspira-. Pero estas cosas no pasan de repente.

Derek se encoge de hombros y Ayleen vuelve a sonreír, mientras él no mira. No es el momento de mostrar contento, pero es una de esas pocas veces en las que Derek se ha mostrado serio y preocupado en presencia de ella, y eso le gusta. Es, sin duda, una buena señal.


II

Ayleen es consciente de que debería ponerse a estudiar, pero no se siente de humor para ello. Sabe que no podrá concentrarse así que decide volver a la cafetería, por si ve a algún conocido y puede hablar un rato con alguien. Así dejará de preguntarse si ha hecho bien frenando a Derek. Cree que sí, pero el calor que aún permanece en su interior se empeña en indicarle lo contrario.
La joven llega a la cafetería y se sienta en una de las sillas a pesar de que no va a pedir nada. No es consciente de la presencia de Axel hasta que éste no se sienta a su lado. En las tres semanas que lleva en esa residencia, Ayleen no ha llegado a entablar mucha relación con él, pero al ser amigo de Natasha y Derek, han hablado alguna que otra vez. Por eso, no sabe si sorprenderse o no de que Axel se le haya acercado.

-Pareces preocupada -comenta él.
-Lo estoy -admite ella, cogiendo una servilleta del servilletero y jugueteando con ella-. Por diversos motivos.

Axel asiente con la cabeza, como si supiera exactamente qué pasa por la cabeza de la muchacha.

-He estado hablando con Natasha.
-¿Y qué te ha dicho? -se interesa ella.
-Supongo que te lo puedes imaginar -se mira las manos, dubitativo-. Creo que necesita ayuda. Tal vez tú podrías ayudarla. Sois amigas.
-Lo somos, pero no la conozco desde el tiempo suficiente como para decirle que deje a su novio -suspira.
-No creo que sea necesario que nadie le diga eso. Quiere a Owen, pero no es tonta.

Ayleen se da cuenta de que inconscientemente ha hecho un barquito de papel con la servilleta.

-¿Sabes qué? El día en que llegué, estaba en la cafetería y Owen se acercó a mí. Se presentó y tuve la sensación de que flirteaba conmigo. Después, conocí a Natasha, y cuando ella me presentó a Owen, este hizo como si no me conociera ya. 
-Muy propio de él -dice Axel en voz baja.
-Lo que quiero decir es que no parece el tipo de chico adecuado para una relación seria... Y vosotros le conocéis desde hace tiempo.

Entonces Axel comprende la acusación de Ayleen. Si ellos sabían cómo era Owen, ¿por qué no advirtieron a Natasha?

-Créeme, si hubiéramos pensado que algo así podía suceder, Derek habría sido el primero en prevenir a su hermana -contesta él tranquilamente, porque sabe que en cierto modo Ayleen tiene razón, y se siente algo culpable.
-Pero sabíais cómo es Owen.
-Todos lo saben. Tú lo sabes, Natasha lo sabe. En realidad, es bastante parecido a Derek -observa la reacción de Ayleen, que se limita a alzar levemente las cejas-. Ambos intentan disfrutar al máximo de la compañía femenina.
-Y Owen se ha pasado de la raya.
-Y Owen se ha pasado de la raya -repite Axel, aceptando que ella no quiera hablar de Derek.

Un grupito de varias personas entra en la cafetería y Ayleen escucha que están comentando la pelea que ha sucedido en el pasillo de la primera planta. Es llamativo que no parecen sorprendidos, ni siquiera Axel lo parece. La chica se levanta de la silla y decide marcharse a su habitación a intentar estudiar para el examen. Entre el trabajo del restaurante en los fines de semana, la presión de las clases y su extraña situación sentimental -que no sabe cómo ha llegado hasta ahí- está realmente cansada, pero tiene que seguir adelante.

-Ayleen -Axel no se gira para seguirla con la mirada pero su voz suena preocupada.
-¿Qué? -deja de caminar.
-Algún día Derek descubrirá que puede experimentar sentimientos verdaderamente intensos, y seguramente tú estés ahí para verlo -carraspea-. Sólo espero que para entonces ya hayas decidido qué significa Connor Ackland para ti.

No dice nada más, y la pelirroja se queda sin palabras. No está muy segura de haber comprendido lo que Axel acaba de decirle, y sobre todo no entiende por qué todos piensan que hay algo entre Connor y ella. Es cierto que Connor es un joven muy guapo, cariñoso, que la trata de maravilla, y que entre ellos hay una bonita relación en la que ambos se comprenden y apoyan, pero ella sólo la considera como una relación de amistad. Sí, a veces se ha imaginado iniciando algo más con él, incluso durante tres noches seguidas soñó que él iba a buscarla a su habitación y de diferentes formas, siempre acababan besándose.

Sin embargo, Ayleen sabe que Derek ha hipnotizado una parte de ella y que no podría estar con nadie que no fuera él porque no dejaría de preguntarse si algo entre ellos habría funcionado. También es verdad que quiere a Connor de una forma especial, y que ella nunca ha creído que una relación de amistad entre un chico y una chica fuera posible sin que a menos uno de los dos acabara enamorado del otro, pero en este caso no le queda más remedio que el de convencerse a sí misma de que sí se puede, porque admitir lo contrario sería o creer que ella le gusta a Connor o que Connor le gusta a ella, y no piensa que sea posible que a alguien le gusten realmente dos personas a la vez. ¿O tal vez sí? 

Pensando en esas cosas llega a su habitación, y para su sorpresa, se encuentra con el joven rubio en su puerta. Por alguna razón, de repente la situación le recuerda a la de sus sueños en los que Connor acababa besándola.


III

Derek da dos suaves toques en la puerta de la habitación de su hermana. Ésta tarda un rato en abrir la puerta, y cuando lo hace, lo hace sin ganas, hasta el punto de que el chico de pelo negro empuja con impaciencia la puerta para entrar por fin. No obstante, cuando ve la cara de dolor de su hermana y su labio inferior hinchado, toda su prisa desaparece y lo único que se siente capaz de hacer es abrazar con fuerza a Natasha. Su hermana se refugia en su pecho, como cuando eran pequeños y escuchaban a sus padres gritándose en el dormitorio, y Derek le acaricia el pelo a lo largo de toda su espalda, intentando tranquilizarla. Sabe que Natasha es fuerte y que lo último que quiere es que su hermano la vea llorar, pero lo necesita, y a pesar de todo con ella es con la única persona con la que Derek es capaz de mostrarse afectuoso, al menos hasta ahora. 

-Tranquila, pequeña, tranquila –susurra en su pelo.

Ella se abandona por fin al llanto que antes estaba intentando contener, y Derek nota su camiseta humedecerse cada vez más, provocándole un frío en el pecho que no está totalmente seguro de que provenga del exterior. 

Pasado un rato, Derek se siente capaz de bajar la vista hasta Natasha y de obligarla a mirarlo. Ella sorbe por la nariz, se limpia las lágrimas con el dorso de la mano, y lo mira con ojos enrojecidos pero que han conseguido dejar de llorar. 

-No voy a dejar que te pase nada, ¿me oyes? –sujeta la cara de su hermana entre sus manos.

La joven de piel morena asiente levemente con la cabeza.

-Naty, sé que le quieres, pero como Owen vuelva a acercarse a ti… 
-Dudo que pueda hacerlo, al menos durante un mes –agacha la mirada.
-¿Por qué lo dices? –Derek frunce el ceño.
-He estado hablando con Madeleine –la chica recuerda su conversación con la directora unos minutos atrás.
-¿Y qué te ha dicho? 

Natasha suspira, abatida.

-Bueno, va a llamaros para decíroslo ella personalmente, pero… A ver, no quiere echaros de la residencia, no de forma permanente. Así que sólo va a expulsaros un mes, en el que no piensa dejaros que pongáis un solo pie aquí. 


[En fin, sé que he tardado un siglo y que tal vez no tenga excusa pero tenía que parar, y lo hice. Seguramente no recordéis ni siquiera de qué iba esta novela, pero espero que no la hayáis abandonado y que tras refrescar la memoria, este capítulo os haya gustado. Muchas gracias por leer]